Estuve a punto de abandonar… Pero Dios no lo quiso

¡Ha vuelto a suceder! ¡Lo has hecho de nuevo Señor!

Hace ya más de una semana que acabó el último Retiro de Emaús en el que he estado sirviendo, y debo deciros que una vez mas Dios nos ha vuelto a regalar un fin de semana lleno de amor, misericordia, perdón, reconciliación, reencuentro y conversión. Ha sido espectacular. En cada Retiro de Emaús en el que he participado, el domingo al acabar, siempre me he dicho que ha sido el mejor, pero no, no es así. Cada Retiro supera al anterior, y ya llevo unos cuantos. Y es que tú, mi Dios, nunca dejas de sorprendernos con tus regalos. Tú sí que te superas cada vez más.

Lo que hemos vivido mis hermanos y yo este último Retiro ha sido una feliz sucesión de pequeños milagros… ¿Cómo qué pequeños? Mejor dicho ¡Grandes milagros! Pero que muy grandes. Y así se repite entre los Caminantes, retiro tras retiro ¿O si no cómo llamamos a lo que le sucede a una persona que lleva más de 35 años alejado completamente de ti y de repente cae rendido a tus pies sintiendo tu abrazo lleno de amor y decide seguir tus pasos cueste lo que cueste? ¿O que una persona llegue con una mochila llena a rebosar de dudas y terribles miserias que le alejan de Ti y como poco a poco se va deshaciendo de su pesada carga hasta poder salir corriendo a tu encuentro? Debo deciros que esto es lo que me sucedió a mi allá por abril de 2017, pero casos como el mío y el de muchos de mis hermanos se repiten invariablemente retiro tras retiro, y en esta ocasión no podía ser menos, pero eso lo dejo en la intimidad de cada uno de mis hermanos apelando al principio de la Confidencialidad, algo que es sagrado en Emaús.

En esta ocasión debo confesaros que llegué al Retiro muy ‘tocado’ por diferentes motivos personales que desde hace ya unos meses iban minando mi moral y mi ya reconocida falta de fortaleza. Sentía como la pereza y la tibieza me atenazaban. Mis ‘Servicios’ asignados me agobiaban y me sobrepasaban hasta límites insoportables ¿Y si no estaba a la altura? ¿Y si fallaba? Un mar de dudas, en definitiva. Por otro lado, la llama de mi Fe estaba tan tan debilitada que incluso unos pocos días antes estuve a punto de abandonar y no asistir. Las dos semanas anteriores al Retiro fueron muy duras y la decisión sobre si ir o no ir la ponía siempre que podía en oración y Tú siempre hacías que la balanza se inclinase por el «debes ir». Creo mi Dios que querías que ese fin de semana estuviese allí como instrumento inútil en tus manos. Y allí me fui el viernes con total abandono a tu voluntad, pero con el corazón frío, más bien helado.

Pero Dios, que se vale de todos nosotros como instrumentos de su amor, nada más llegar a donde iba a celebrarse el Retiro hizo que a los primeros hermanos que me encontrase fueran tres de las personas que más quiero en este mundo y que han sido siempre apoyo incondicional en mi camino de conversión desde que caminé. Nos fundimos en un abrazo impresionante y en ese mismo momento sentí como el fuego, la luz y la fuerza de tu Espíritu Santo entraban en mi a través de ellos y todas mis dudas y agobios desaparecían al momento y me dije: ¿Qué puede salir mal si Él es quien lo dirige todo? Estaba en ‘casa’ y la llama estaba empezando a reavivarse y el corazón dejaba de estar helado. Entonces tan sólo fue ponerse con mis hermanos a trabajar con alegría para organizar la casa y ya todo empezó de nuevo, como sucede en cada Retiro. A partir de ese momento se inició una continua sucesión de milagros a lo largo de todo el fin de semana. Empezaste a manifestarte con fuerza y claridad en todo lo que iba sucediendo, sobre todo en los corazones de los ‘Caminantes’ y ‘Servidores’. Todo empezó a fluir y tu amor empezó a impregnar todo lo que allí estaba pasando ese fin de semana.

Y yo allí, domingo de madrugada en la capilla, estoy ante Ti mientras escucho las melodías que cantan mis hermanos músicos, suelto alguna lágrima de felicidad por haberme traído una vez más a Emaús a pesar de todo y te estoy, una vez más, eternamente agradecido por tu amor.

La llama estaba de nuevo a pleno gas… y la vida sigue.


«No temas, que Yo estoy contigo, no desmayes, que Yo soy tu Dios. Te daré fuerzas, te socorreré, te sostendré con mi diestra victoriosa». (Isaías 41, 10)

© Foto: DGReyesEnrique

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