Noche de «Angelito»

Es domingo y ya son las 4:45 de la madrugada, estamos solos, tu y yo, cara a cara. La noche es larga, y aún así no se si será lo suficientemente larga ¡Tengo tanto que decirte y pedirte que no sé ni por donde empezar! Lo que si tengo muy claro es que antes de nada tengo que darte las gracias por estar siempre, donde y cuando te necesito. Y ya que hoy he venido para hacerte un poco de compañía y hoy es uno de esos días en que te noto tan cerca de mi, voy a aprovechar para escribirte estas líneas.

A estas horas, mientras aquí en la capilla suenan las notas de una suave melodía en tu honor pienso en que arriba, en sus dormitorios, mis ‘hermanos caminantes’ estarán dormidos. Bueno, en realidad seguramente algunos de ellos no conseguirán conciliar el sueño. Eso sí, tu mi buen Padre estás con ellos en estos momentos, acompañándoles en sus sueños, de hecho siempre lo has estado, aunque muchos de ellos no eran conscientes de ello. Estoy convencido que hoy muchos de ellos habrán abierto sus ojos y sus corazones hacia ti; otros te habrán descubierto por primera vez ya que hasta ahora nadie les había hablado de ti y de tu inmenso amor; y también los habrá que ya ‘caminaban’ sabiendo de ti pero que con el paso del tiempo se habían ido distanciado del camino y hoy se habrán vuelto a unir a ti. Tu Espíritu Santo está con ellos esta noche tan especial, una noche que a bien seguro nunca olvidarán ¿Qué estarán pensando? ¿Cuantas preguntas se estarán haciendo? ¿Estarán quizás ya sintiendo el vivificante fuego de tu amor en sus corazones?…

Yo también tuve mi gran noche aquí junto a ti. No ‘pegué ojo’, lo recuerdo muy bien, como si fuera ahora mismo. Recuerdo que mi alegría era tan desbordante que sólo quería vivir aquella noche tan intensamente como fuera posible y saborear cada segundo de tu amor, de tu amor recuperado, hasta saciarme de el ¡Cuanta felicidad y cuantas lágrimas de alegría derramadas aquella noche! Fue increíble y aún hoy, cuatro años después, cuando lo estoy recordando aquí junto a ti en esta querida capilla donde empezó todo, siento como mi cuerpo es de nuevo atravesado por el fuego de tu amor y misericordia ¡Si la gente supiera del amor que tienes por ellos!

Mis ‘hermanos’ duermen ahora y en tu paz descansan. Mañana serán hombres nuevos y serán portadores de tu luz a sus familias, a sus amigos e incluso entre sus compañeros de trabajo. Tras el fin de semana prodigioso en Emaús llegará el lunes de la vuelta a la cruda realidad cotidiana, pero ya nada será igual en sus vidas. Muchos aspectos de sus vidas cobrarán un nuevo sentido junto a ti. En mi caso sucedió así y en el caso de la mayoría de mis ‘hermanos’ juraría que también. Y hasta aquí la parte feliz de la noche.

Y ahora, si me lo permites mi buen Dios, cambiaré a otro tema que me preocupa. Hoy he venido aquí, ya lo sabes, con el corazón anegado en lágrimas de dolor. Que el Mal existe personalmente ya lo sabía, pero que esta semana mucha gente habrá descubierto con horror que no sólo existe si no que está en todas partes, actúa y habita junto a nosotros con el semblante más amigable, también es cierto. El terrible asesinato de las pequeñas Olivia y Anna por parte de su padre ha sido terriblemente doloroso. No es la primera vez que ocurre algo así y por desgracia no será la última. No quiero ni puedo llegar a imaginarme el dolor de esa madre ¡Qué terrible debe ser la muerte, así de esta manera, de tus propias hijas! Siempre se ha dicho que no hay nada mas terrible que la muerte de un hijo para su madre. Jesús, tu madre, la Virgen María ya experimentó este inmenso dolor cuando fuiste crucificado por nuestros pecados. Por eso hoy, esta noche, quiero pedirte muy especialmente por estos dos angelitos y como no, también por su madre, para que este terrible tormento sea lo más llevadero posible para ella. Dale fuerzas mi buen Jesús para que pueda seguir adelante a pesar de esta terrible e injusta cruz de dolor y sufrimiento infinito que le ha tocado cargar.

Tu nos pides siempre que nos amemos los unos a los otros ¡Incluso a nuestros enemigos! Pero la verdad ¿Cómo se puede llegar a amar a un padre que comete semejante atrocidad? Yo la verdad te confieso que se me hace muy difícil. No puedo, lo reconozco, y se que esto te duele, pero es que no puedo mi buen Jesús. Es uno más de mis puntos débiles y reconozco que me hace ser un cristiano mediocre. Si muchas veces se me hace terriblemente cuesta arriba perdonar y amar a alguien que me ha hecho algo que me ha disgustado, incluso siendo una tontería sin importancia ¿Cómo puedo llegar a amar al que es la viva personificación del Mal mas perverso y cruel? ¡Que exigente y contundente eres a veces Señor con lo que me pides! Enséñame a hacerlo mi buen Jesús. Desde la paz de esta capilla te suplico que me hables hoy directo al corazón y me desveles el secreto del amor fraterno, incluso hacia mis peores enemigos. Quizás debería empezar rezando mucho más por ellos, incluso por el padre de estas criaturas. No se, quizás entonces…

Parece que empieza a clarear y mis ‘hermanos’ siguen durmiendo en tus brazos, agradecidos por este maravilloso fin de semana. Deseo fervientemente que tu gracia, paz y amor llenen hasta hacer desbordar sus corazones para que ellos sean faros de tu luz y apóstoles de tu amor. De ese amor inmenso que les hará amar al prójimo, incluso a sus enemigos. Quizás así y sólo así consigamos hacer de este mundo un lugar mejor.

Ahora que estas frases fluyen ante tu presencia noto como tu paz va llegando a mi corazón y mi alma se alegra por sentirme tan tan cerca de ti. Te quiero y lo sabes y te doy de nuevo las gracias por vivir en mi. No sueltes mi mano mi Señor y ayúdame a caminar con paso seguro por este ‘camino’ a veces tan tortuoso.

Solos, tu y yo, la noche acaba, amanece… ¡Ha valido la pena hacer de ‘angelito’!


«Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos y pecadores. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis? ¿No hacen eso también los publicanos? Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen eso también los paganos? Por eso, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto. (Mateo 5, 43 – 48)

©foto: Mauricio Ruiz Díaz – Cathopic.com

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