Ojos de María: Miradas a través del corazón.

Algunas veces cuando estoy en una adoración ante el Santísimo, ante un sagrario o en el mismo momento de la consagración en la misa, tengo una terrible sensación de no “conectar” con mi Señor Jesús que está o se hace presente en ese momento. Como si realmente todo esto no me lo creyese. Me distraigo, mi cabeza va de un lugar a otro de manera anárquica, pierdo la concentración, el cansancio me vence, etc. La verdad, debo reconocer, que incluso se me hace difícil reconocerle con mi humilde mirada en ese pequeño pedazo de pan y ello me entristece…

Una vez, comentando esto con un amigo, este me confesaba que a él también le sucedía lo mismo y que si la gente se diese realmente cuenta y aceptase que quien tienen delante es el mismo Dios caerían de rodillas rendidos ante Él, no apartarían la mirada de la sagrada forma y llegarían así a encontrarle sin problemas. Y añadía también que deberíamos aprender a mirar a través de los ojos de la Virgen María, que son los ojos que miran a través del corazón de una madre.

Reflexionando sobre ello debo reconocer que no le falta razón y que muchas veces, incluso poniendo la mejor de nuestras intenciones, somos incapaces de ver más allá con nuestros ojos mortales. Nos ponemos de rodillas, observamos, cantamos, alabamos, oramos, contemplamos, pero apenas conseguimos llegar con nuestra mirada más allá de la hostia, atravesarla y “conectar” con el mismísimo corazón de Jesús.

Cuando pienso en todo esto me viene a la cabeza la imagen de los ojos benditos de la Virgen María y esta Navidad le suplico a ella que me enseñe a ver a su hijo a través de sus mismos ojos. Con esos ojos que miraron con tanta ternura y amor al niño Dios recién nacido; con esos ojos que con emoción vieron como ese ser indefenso reclinado en un humilde pesebre era adorado como rey de reyes; con esos ojos que con admiración miraron el día en que era presentado en el templo; con esos ojos de preocupación mientras huían hacia Egipto; con esos ojos de angustia compartida con San José cuando habían perdido a su hijo; con esos ojos felices que le vieron crecer en familia; con esos ojos de mirada cómplice cuando en las bodas de Caná el vino se había acabado; con esos ojos de mirada discreta cuando Él se manifestaba en su vida pública y ella quedaba siempre en segundo plano; con los ojos llenos de inmensa tristeza al ver como su hijo era maltratado, vejado y torturado; con los ojos rotos por el terrible e inimaginable dolor de ver como Jesús, su amadísimo hijo, era crucificado y moría en la cruz; con los ojos llorosos inundados de lágrimas cuando le era entregado el venerado cuerpo sin vida de el hijo recién fallecido en la cruz y como no, también con los ojos de la alegría desbordante al verlo resucitado y triunfante…

Quizás así, si aprendo a mirar a Jesús a través de los ojos de María, pueda “conectar” con Él y consiga creerme realmente que está frente a mi y en mi… En definitiva, que está entre todos nosotros.


«María, hoy queremos decirte: ¡Madre, danos tu mirada! Tu mirada nos lleva a Dios, tu mirada es un don del Padre bueno, que nos espera en cada encrucijada de nuestro camino. Es un don de Jesucristo en la cruz, que carga sobre sí nuestros sufrimientos, nuestras fatigas, nuestros pecados. Y para encontrar este Padre, lleno de amor, hoy le decimos: ¡Madre, danos tu mirada! Lo decimos todos juntos: ¡Madre, danos tu mirada!» (Papa Francisco)


Foto: Nick Demou

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