¿Cómo puedes odiar tanto algo en lo que no crees?

Hace poco en Twitter una persona escribía un breve tuit donde escribía algo parecido a: «¿Cómo puedes odiar tanto algo en lo que no crees?». Y la verdad es que bajo esta aparentemente sencilla e, incluso diría que, inocente pregunta se esconde un gran interrogante difícil de contestar e incluso de argumentar para el que odia.

El tuit estaba escrito a raíz de los preocupantes acontecimientos que últimamente están repitiéndose en algunas naciones hermanas como son Chile Nicaragua entre otras, donde mis hermanos los cristianos son atacados por turbas llenas de odio compuestas de intolerantes fascistas (no se les puede llamar de otra manera, y eso que ellos se hacen llamar la izquierda civilizada y de progreso…) convenientemente manipulados por unos dirigentes cegados por el odio y el resentimiento más oscuro. Saqueo de Iglesias, profanación de templos, vandalismo, agresiones, persecución, ocupación de recintos sagrados, obstrucción de la celebración de la eucaristía, secuestro de consagrados y feligreses y un largo listado de ataques, que por cierto, concretamente y principalmente siempre son contra la Iglesia Católica.

Protestas en contra del gobierno en Chile
Foto: EFE

Sí claro, me diréis, es que hay motivos sobrados para atacar a la Iglesia. Son muchos los argumentos contra la Iglesia. De echo hasta hace poco yo era uno de ellos y me dedicaba también a atacarla cruelmente con estos pobres argumentos. Estos argumentos siempre son los mismos: que si la Iglesia es un nido de pederastas, que si la Iglesia es rica y no ayuda a los pobres, que si la Iglesia es la culpable del SIDA en África, que si la Iglesia goza de privilegios, que si la Iglesia abusa, que si las cruzadas, que si la Inquisición, que si tal o cual y bla bla bla… Palabras, muchas palabras cierto, muy incendiarias también, pero la verdad, muy vacías de contenido, y lo que es peor faltas de veracidad en la mayoría de los casos y dichas desde la más profunda ignorancia. La mayoría de estos argumentos, analizados con un poco de profundidad analítica son fáciles de rebatir y caen por su propio peso.

Culpar de todos los males de la humanidad a la Iglesia Católica no es nada nuevo, de hecho ha existido siempre, y durante dos milenios son muchos lo que la han atacado para acabar con ella… Pero aquí está, de pié, nadie ha podido con ella, ni podrá hoy ni podrá mañana. Siempre renace fortalecida por el Espíritu Santo, y cuando más débil parece estar, más fuerte y consolidada se mantiene firme en defensa de la verdad única.

Algunos también me diréis que son unos pocos casos aislados pero que en general los católicos y su Iglesia seguimos gozando de un estatus de vida muy confortable y de un respeto bastante generalizado. Pues es falso, lamentablemente hoy en los inicios del Siglo XXI es cuando los cristianos sufren la mayor persecución desde los mismísimos orígenes de la humanidad. Según la organización no gubernamental PUERTAS ABIERTAS dedicada a la ayuda de los cristianos perseguidos por todo el mundo, y que elabora una «Lista de la Persecución», se estima: «que solo en los 50 primeros países de la lista, 245 millones de cristianos se enfrentan a la intimidación, prisión o incluso muerte por su fe en Jesús. Pero si ampliamos la perspectiva a todos los países que superan niveles “altos” de persecución (más de 41 puntos sobre 100 en la puntuación para la LMP), la cifra supera los 280 millones. Eso es uno de cada nueve cristianos en todo el mundo». Uno de cada nueve no se trata precisamente de unos pocos casos aislados.

Pero lo que más impacta hoy, es que podemos ver incluso en directo, a través de los Medios de Comunicación y Redes Sociales, cómo grupos de manifestantes con los ojos inyectados en sangre y supurando un terrible odio visceral por todos sus poros profanan, atacan, saquean e incendian Iglesias o agreden a sacerdotes, consagrados y fieles… ¿Por qué tanto odio? ¿Por qué motivo atacar a los Católicos? ¿Por que atacar a los que defienden el matrimonio, la vida de los no nacidos o los desahuciados? ¿Por qué este empeño por humillar a los que no pensamos como ellos y comulgamos con sus ideas? ¿Por qué este empeño en creer destruir todo lo que tenga que ver con el mensaje de amor y misericordia de Jesús?… Son buenos tiempos para Satanás. No tiene ningún sentido llegar a odiar hasta tal punto algo en lo que no se cree: en este caso Dios.

Sí a ti, el que tanto odio sientes, te pregunto: ¿Cómo puedes odiar a Dios si no crees en Él? Es ridículo. Podrás atacar, saquear, profanar, humillar o destruir a la Iglesia como institución y a todos los católicos hasta que desaparezcan completamente de tu mundo (permíteme que lo ponga en duda y te desanime, nadie lo ha conseguido aún) pero te guste o no te guste Dios seguirá aquí entre nosotros, creyendo en nosotros, creyendo incluso en ti, tu el que tanto lo odias. Te guste o no te guste Dios te ama y te perdona… Al fin y al cabo eres su hijo/a. Te lo digo por experiencia.

Nosotros, por nuestra parte seguiremos cumpliendo aquello de «un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros. Como yo os he amado» (Juan 13, 34) y, por supuesto, seguiremos rezando, incluso por ti, que tanto nos odias…

 


«Entonces les decía:
—Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino; habrá grandes terremotos y hambre y peste en diversos lugares; habrá cosas aterradoras y grandes señales en el cielo. Pero antes de todas estas cosas os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, llevándoos ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: esto os sucederá para dar testimonio. Así pues, convenceos de que no debéis tener preparado de antemano cómo os vais a defender; porque yo os daré palabras y sabiduría que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados incluso por padres y hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».
(Lucas 21, 10-19)


Fotos: Canal 24 Horas – Televisión Nacional de Chile y EFE

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