¡Una vez más lo has vuelto a hacer!

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Y es que tú, nuestro Dios, nunca dejas de sorprendernos. El pasado 20 de octubre acabó el último Retiro de Emaús donde he podido servir. En esta ocasión, a causa de unos inoportunos trabajos de reformas, nos era imposible celebrarlo en la casa de espiritualidad que solemos utilizar habitualmente y debíamos trasladarnos a otra totalmente desconocida para todos nosotros. Esto ha supuesto un plus de preocupación, angustia y estrés para todos nosotros, especialmente los coordinadores ¿Y si sale algo mal? ¿y si no conseguimos adaptarnos a unas nuevas instalaciones? ¿y si en el último momento un fallo de previsión lo estropea todo?… ¡Pero qué falta de confianza!

Por otro lado, los tristes acontecimientos que se están viviendo los últimos días por aquí nos hacían presagiar un aluvión de bajas tanto de ‘Caminantes’ como de ‘Servidores’. Cortes de carreteras, sabotajes en las vías del tren, manifestaciones, barricadas, violencia, etc. presagiaban un escenario muy complicado para que nuestro Retiro se celebrase con normalidad. Y otra vez ¡Qué falta de confianza!

Pero ¡Una vez más lo has vuelto a hacer! Allí estabas tú para hacer que todo funcionase a la perfección. El viernes por la mañana, a primera hora, ya estábamos todos los ‘Servidores’ en la nueva casa trabajando con alegría y entusiasmo para prepararlo todo para la llegada de los ‘Caminantes’ ¡Habíamos podido llegar todos sin ningún problema! Acondicionamos la casa, montamos las salas, hicimos sus camas y preparamos la capilla para ti. Después de la misa, a la hora de comer, ya se notaba en el ambiente y también en nuestras caras que todas nuestras preocupaciones y angustias habían desaparecido y que llenos de tu Espíritu Santo estábamos ansiosos y con gran alegría deseando empezar a trabajar para Tí. Por otro lado y sorprendentemente, a pesar de todos los problemas viarios anunciados pudimos, según el horario previsto, empezar el Retiro con ¡todos los ‘Caminantes’! Habían llegado todos y todos puntualmente a la cita ¡Increíble!

Aún así, a los ‘Servidores’ siempre nos asaltan muchas dudas ¿Y sí no soy la persona adecuada para este puesto? ¿Y si no consigo ser instrumento útil para Dios? ¿Y si no estoy a la altura de lo que se me exige? ¿Y si no he preparado lo suficiente mis servicios? ¿Y si defraudo con mi actitud a los ‘Caminantes’ o a mis hermanos ‘Servidores’?… Pero todos sabemos que allí, en la pequeña capilla, es donde está el verdadero corazón que late con fuerza durante todo el fin de semana y hace funcionar el Retiro. Eres Tú, nuestro Señor, el que está allí presente y el que nos cogerá de la mano para guiarnos con seguridad durante este caminar. Sólo con pedírtelo sabemos que Tú nos ayudarás cuando más falta nos haga y harás que tu Espíritu Santo nos ilumine en nuestra misión de acercar las almas de los ‘Caminantes’ hacia Tí.

Del Retiro poca cosa más os puedo contar pero si que os puedo asegurar que el Domingo, al acabar, las caras de los ‘Caminantes’ reflejaban con una luz especial todo lo que Tú habías hecho en sus corazones. Llegaron con cargas pesadísimas, con preocupaciones, con angustias, alejados de ti, con vacíos y dudas… pero ¡Una vez más lo habías vuelto a hacer! Devolvías a sus esposas, novias, padres, hijos e hijas, como hiciste con todos nosotros en su día, hombres nuevos, renovados y con mucha esperanza puesta en un futuro lleno de Tí.

Y nosotros los ‘Servidores’, después de estar tres días allí gracias a la inmensa generosidad de nuestras familias, muy cansados pero inmensamente felices y renovados en la Fe, al despedirnos nos abrazábamos todos con alegría sintiendo que en cada uno de esos abrazos en realidad era a Tí a quien estábamos abrazando. Una vez más lo habías vuelto a hacer, no nos habías fallado y habías hecho que a pesar de todas las dificultades, dudas y preocupaciones, toda aquella inmensa locura de amor funcionase a la perfección para tu gloria y nuestra propia santificación.

¡Te damos gracias Señor! ¡En ti confiamos!


«Todo cuanto hagáis hacedlo de corazón, como hecho para el Señor y no para los hombres, sabiendo que recibiréis del Señor el premio de la herencia. Servid a Cristo, el Señor». (Colosenses 3, 23-24)


Foto: Cathopic

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