Sweat today, smile tomorrow (Suda hoy, sonríe mañana)

El otro día vi por la calle una chica practicando running bajo un sol abrasador que llevaba una camiseta con un texto estampado en su parte frontal que decía: «Sweat today, smile tomorrow» (Suda hoy, sonríe mañana). No pude más que sonreírme ya que me pareció una frase de carácter motivacional de lo más apropiada. De hecho juraría que la chica en cuestión debía tener muy interiorizado el mensaje visto el ritmo de carrera que llevaba y como sudaba.

Los que hemos practicado el running y participado en algunas carreras tenemos muy claro que si queremos alcanzar un buen resultado deberemos antes ‘sudar la camiseta‘. Es más, por ejemplo participar en un Medio Maratón o bajar el ‘crono‘ y mejorar nuestra anterior marca en tan sólo unos pocos minutos nuestra preparación requiere de mucho esfuerzo, rigor y regularidad en los entrenamientos. Lo mismo sucede cuando queremos perder, de cara al verano, esos malditos gramos de sobrepeso que se nos acumulan en la cintura. Una vez mas volvemos a la máxima del «Suda hoy, sonríe mañana». No valen las excusas del tipo: Hoy no salgo a correr que llueve, hace frío o tengo sueño; hoy me apetece comer una hamburguesa triple con patatas y refresco de cola y ya si eso mañana no comeré en todo el día; esta semana voy muy liado de trabajo y no puedo entrenar, ya entrenaré el doble la semana que viene, No me cabe el bikini, ya me pondré a dieta una semana antes de irme a la playa; etc. Las excusas y auto justificaciones son el ‘palo en la rueda‘ que nos ponemos nosotros mismos y que a la larga dificultarán que podamos conseguir la marca deseada o nuestro peso ideal, en definitiva, que podamos al final sonreír.

Pues lo mismo ocurre con nuestra vida como católicos. Tenemos muy claro cual es nuestro objetivo, nuestra marca, nuestra meta… Es nuestra Salvación, compartir el Reino de los Cielos y la gloria eterna con Dios. De eso se trata en definitiva, de una larga carrera de fondo la cual debemos afrontar con la mejor preparación posible para garantizar el éxito final. De poco nos servirá llevar una vida de católico de los “de ir tirando” basada en el cumpliendo de los requisitos mínimos: misa dominical ocasional, alguna oración esporádica, cumplir de vez en cuando algún mandamiento… o ni siquiera nada de esto.  Ya sabes, cuantas veces no hemos oído o incluso dicho frases tan clásicas como: «Bueno, yo creo en un Dios pero no en los curas y la Iglesia»; «¿Misa todos los domingos? Uf, yo es que no tengo tiempo, voy muy liado y muy cansado»; «Yo me considero buena persona, intento cumplir los mandamientos… bueno no todos, algunos no puedo»; «¿La confesión?…Yo mis pecados ya se los cuento a Dios y no a un cura y todo queda entre nosotros»; «¿Dar limosna?… si tuviera que dar limosna a todos los indigentes que me encuentro me arruinaría ¡qué reparta la Iglesia sus riquezas!»…y podríamos seguir. No nos engañemos ese “ir tirando” produce la tibieza que a su vez es la enemiga del éxito final.

Nuestra vida necesitará de una disciplina intensa y un trabajo constante. Para conseguir nuestra recompensa deberemos ‘sudar la camiseta‘ y ser muy activos. Jesús así nos lo pide en infinidad de ocasiones en las escrituras cuando le hacemos la pregunta «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?» (Marcos 10, 17). Pues lo que Jesús nos propone es un intenso ‘programa de entrenamiento’ sin ‘peros’ ni excusas, basado principalmente en amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, cumplir TODOS los mandamientos, servir a los demás, practicar la caridad, ser misericordiosos, hacer mucha Oración y llevar una ‘buena nutrición‘ basada en la práctica regular de los Sacramentos, especialmente la penitencia y la eucaristía. No nos engañemos, para conseguir la meta final es muy importante que tengamos fe, creamos y seamos perseverantes y comprometidos con nuestra preparación «Quien persevere hasta el fin, ése se salvará» (Mateo 10, 22). Dejémonos entonces de excusas y de auto justificaciones, tomemos de una vez con decisión nuestra cruz y sigamos al mejor entrenador: Jesús. Él nos hará ‘sudar‘ de lo lindo pero la sonrisa de mañana ya la tenemos garantizada hoy…


«Si alguno quiere venir detrás de mí, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga» (Mateo 16, 24)


Foto: Quino Al
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