10 poderosas razones por las que deberías practicar más la Oración

A veces pienso en como muchos católicos suelen conformarse con reducir su actividad como tales a la asistencia la misa dominical y poco más. A parte del cumplimiento de este mandamiento de Dios su vida como cristianos parece que discurre siempre en un estado de tibieza y aridez permanente aplicándose la ley del mínimo esfuerzo. No me mal interpretéis, no se trata de criticar a mis hermanos de fe ni mucho menos. Yo me reconozco como el primero en la lista en caer repetidamente en esta tibieza y aridez espiritual.

Es cierto que Dios nos pide que santifiquemos las fiestas pero también es cierto que nos pide mucho más. A lo largo de las escrituras son muchas las referencias: nos pide que practiquemos más el amor a los demás, la caridad, el servicio, la misericordia, etc… Pero hay algo que también nos pide que hagamos y que es especialmente muy de su agrado: la Oración. A la oración muchas veces le damos muy poca importancia en nuestra vida cristiana cuando en realidad Dios nos invita continuamente a practicarla a través de las escrituras: «Orad sin cesar» (1 Tesalonicenses 5, 17) ó «Perseverad en la oración, velando en ella con acciones de gracias» (Colosenses 4, 2). De hecho Jesús mismo hacía de la oración parte primordial de su día a día: «Pero él se retiraba a lugares apartados y hacía oración» (Lucas 5, 16).

Muchas veces tenemos la tendencia a confundir orar con rezar. Ciertamente las dos son maravillosas herramientas para ponernos en presencia de Dios. Incluso diría que ambas deberían ir muy unidas para que nuestra relación íntima con el creador sea lo más intensa posible. Entendemos rezar como decir y repetir oraciones establecidas y orar como hablar con Dios desde el mismo corazón, sin fórmulas ni oraciones ya establecidas. Pedir, agradecer y dialogar con Dios es oración. Incluso añadiría que la simple contemplación de Dios es Oración.

En mi caso tanto rezar como orar debo decir que van íntimamente unidos. A mí muchas veces me pasa que deseo hablar con Dios y me cuesta hacerlo, entonces empiezo recitando algunas oraciones, lo cual me predispone a entablar ese deseado diálogo natural, espontáneo y sincero con Dios. Debo reconocer que para mí la oración fue uno de los mayores descubrimientos a raíz de mi conversión y se ha convertido en el instrumento fundamental que sustenta y consolida mi fe. Por eso quiero aquí transmitiros las 10 razones por las que personalmente creo que deberíais practicar habitualmente la oración. Son las siguientes:

1.- PORQUE LA ORACIÓN REFUERZA NUESTRA COMUNIÓN CON DIOS.

Muchas son las cosas de nuestra vida cristiana que nos acercan a Dios pero si hay algo que intensifica de veras nuestra comunión con Dios es la Oración. Con la Oración invocamos de todo corazón, como Dios mismo nos pide, nuestra unión personal con su propio ser: «Me invocaréis, vendréis a rezarme, y Yo os escucharé. Me buscaréis y me encontraréis, si me buscáis de todo corazón» (Jeremías 29, 12-13). Es pues el mismo Dios quien nos recuerda que en esta comunión real e íntima obtendremos de Él la protección, fuerza y sustento que necesitamos y que sólo un buen Padre es capaz de ofrecer: «No temas, que Yo estoy contigo, no desmayes, que Yo soy tu Dios. Te daré fuerzas, te socorreré, te sostendré con mi diestra victoriosa» (Isaías 41, 10).

2.- PORQUE POR MEDIO DE LA ORACIÓN PROPICIAMOS UN ENCUENTRO PERSONAL CON DIOS.

Hablar con Dios es genial, y cuantas mas veces al día lo hagamos mucho mejor, pero deberíamos considerar que un encuentro profundo y personal con Dios no debe ser algo que se produce fruto de la casualidad, como cuando nos encontramos con la vecina del 4º en el ascensor o con un viejo conocido por la calle e intercambiamos unas impresiones sobre el calor que hace este verano. No, con la Oración invocamos al mismo Dios para que se acerque a nosotros para poder entablar un diálogo personal, íntimo y muy intenso con Él: «El Señor está cerca de los que le invocan, de cuantos le invocan de verdad» (Salmos 145, 18). Por lo tanto deberíamos intentar buscar o crear las condiciones idóneas para la importancia que merece este feliz momento de acercamiento y de conexión íntima. La Oración no es algo superficial y fruto de la casualidad, es algo profundo, íntimo y muy deseado: «Tú, por el contrario, cuando te pongas a orar, entra en tu aposento y, con la puerta cerrada, ora a tu Padre, que está en lo oculto; y tu Padre, que ve en lo oculto, te recompensará» (Mateo 6, 6). 

3.- PORQUE A TRAVÉS DE LA ORACIÓN DIOS SE HACE PRESENTE.

Una de las razones más poderosas para practicar la Oración es que a través de ella Dios se manifiesta realmente junto a nosotros. La Oración no se trata de hablar o implorar a un Dios que está allá en las alturas, inaccesible y muy alejado de nosotros, y quien sabe, al que igual con un poco de suerte le lleguen algún día nuestras humildes súplicas, agradecimientos, alabanzas o mensajes. Muy al contrario, en el mismo momento de orar, Dios está junto a nosotros participando de este diálogo, da igual si lo invocamos de manera individual «El Señor está cerca de los que le invocan, de cuantos le invocan de verdad» (Salmos 145, 18) o en comunidad «Pues donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mateo 18, 20).

4.- PORQUE CON LA ORACIÓN UNO SIEMPRE ES ESCUCHADO Y RECIBE RESPUESTA.

Como decía anteriormente la Oración debemos considerarla siempre como un diálogo, nunca como un monólogo. No podemos hacer de la oración un «yo esto, yo aquello, yo necesito, yo quiero, yo te pido, etc». Es más, de la Oración, ya sea de petición, acción de gracias y/o alabanza, esperamos obtener siempre una respuesta de Dios. A su vez Dios también desea escucharnos ya que es de su agrado todo lo que podamos pedirle, agradecerle o contarle. Dios se preocupa por nosotros y desde el principio de los tiempos nos ha prometido que dará respuesta a nuestras oraciones. Debemos entonces confiar plenamente en Él: «Pedid y se os dará; buscad y encontraréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá» (Mateo 7, 7-8). Eso sí, debemos ser conscientes de que la respuesta de Dios a nuestras oraciones, que a bien seguro llegará, puede ser como leí una vez de tres tipos: un «Sí», un «Todavía no» o con un «No, pero tengo algo mejor pensado para ti». En cualquier caso siempre obtenemos respuesta. Debemos pues confiar en sus tiempos (que no son los nuestros) y en los caminos trazados por Él, al fin y al cabo Él desea siempre lo mejor para sus hijos.

5.- PORQUE LA ORACIÓN TODO LO PUEDE.

«En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: «Arráncate y échate al mar», sin dudar en su corazón, sino creyendo que se hará lo que dice, le será concedido. Por tanto os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo recibisteis y se os concederá». (Marcos 11, 23-24) 

Espectacular ¿no? Se puede decir más alto pero no más claro. Así de claro nos lo dice Jesús, el mismo Dios hecho hombre. No da lugar a dudas. Todo es posible si acudimos a Dios a través de la Oración, todo lo puede y no existen límites para Él. Es importante que depositemos con fe toda nuestra confianza en su palabra y que seamos fieles a Dios a través de la oración: «Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y se os concederá» (Juan 15, 7). Sólo entonces podremos conocer el verdadero poder de la Oración. En definitiva, aún teniendo la certeza plena de que a través de la Oración Dios se hace presente, nos escucha atentamente, nos responde siempre y además nos garantiza que todo lo puede ¿Cómo es posible que muchas veces la abandonemos o nos cansemos de ella? ¿No será que muchas veces a causa de nuestra impaciencia por obtener resultados inmediatos perdemos la confianza que deberíamos tener en que Dios siempre nos escuchará y nos concederá lo que le pedimos? Deberíamos pues persistir en la Oración con absoluta confianza en el Señor: «Ésta es la confianza que tenemos en Él: si le pedimos algo según su voluntad, nos escucha. Y puesto que sabemos que nos va a escuchar en todo lo que pidamos, sabemos que tenemos ya lo que le hemos pedido» (1 Juan 5, 14-15).

6.- PORQUE ES UN POTENTE ESCUDO PROTECTOR CONTRA EL MAL Y LAS TENTACIONES.

Como os decía anteriormente, si con la Oración conseguimos que Dios se haga presente junto a nosotros ¡qué mayor defensa y protección contra el virus del mal puede existir que el mismísimo Dios velando por nosotros!. Ante el acecho y ataque del maligno nada más efectivo que invocar la protección de Dios mediante la Oración: «Esta raza (espíritu impuro) —les dijo— no puede ser expulsada por ningún medio, sino con la oración» (Marcos 9, 29). Lo mismo ocurre cuando nos sentimos acosados por las tentaciones. Nada mejor que suplicar la ayuda del Señor a través de la Oración: «Velad y orad para no caer en tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil» (Mateo 26, 41). 

7.- PORQUE A TRAVÉS DE LA ORACIÓN OBTENEMOS SANACIÓN FÍSICA Y ESPIRITUAL.

En muchas ocasiones a lo largo de nuestra vida tendremos que enfrentarnos a situaciones penosas o a tener que que soportar pesadísimas cargas que afectarán a nuestra vida cristiana. Como Seres humanos que somos es normal tener que pasar por periodos de debilitamiento tanto físico como espiritual, no estamos exentos del sufrimiento. No nos engañemos, es inherente al Ser humano como seres frágiles y vulnerables que somos. No somos Super héroes. Nuestra debilidad se manifiesta físicamente (padecemos enfermedades, desgaste…) o espiritualmente (hacemos el mal, pecamos, nos descarriamos…), es entonces cuando debemos explotar al máximo el privilegio que tenemos de poder clamar a Dios a través de la Oración para pedirle por nuestra sanación como también la ayuda necesaria para poder sobrellevar nuestro sufrimiento: «Señor, Dios mío, a Ti clamé y me sanaste» (Salmos 30, 3). De hecho Dios está deseando que acudamos a Él y que a través de la Oración, mirándole a los ojos con humildad, pedirle ayuda. Si algo tiene Dios es que es infinitamente misericordioso y siempre esta dispuesto a escucharnos.

«En aquellos días Ezequías enfermó de muerte. Se acercó hasta él Isaías, hijo de Amós, el profeta, y le dijo:
—Esto dice el Señor: “Ordena lo referente a tu casa porque vas a morir y no vivirás más”.
Entonces aquél volvió su rostro contra la pared y oró (…)
Esto dice el Señor, Dios de tu padre David: “He escuchado tu oración, he visto tus lágrimas, y Yo voy a curarte”» (2 Reyes 20, 1-2 y 5)

8.- PORQUE LA ORACIÓN ES ALEGRÍA A TRAVÉS DE LA ALABANZA Y EL AGRADECIMIENTO.

De la misma manera que a lo largo de nuestra vida transitaremos por periodos de sufrimiento tanto físico como espiritual también lo haremos por momentos de gozo, alegría y plenitud. Es entonces cuando debemos, a través de la Oración, buscar a Dios para agradecerle el poder gozar de estos momentos de alegría tan maravillosos: «Dad gracias por todo, porque eso es lo que Dios quiere de vosotros en Cristo Jesús» (1 Tesalonicenses 5, 18) y también para alabarlo por su inmensa generosidad: «El Señor es grande y digno de toda alabanza en la ciudad de nuestro Dios, su monte santo» (Salmos 48, 2). Por otro lado no debemos olvidar nunca que tal como decíamos en las razones 4 y 5 nuestras súplicas y peticiones a Dios siempre son escuchadas y atendidas, por lo que es de justicia que seamos en todo momento agradecidos con Él: «No os preocupéis por nada; al contrario: en toda oración y súplica, presentad a Dios vuestras peticiones con acción de gracias» (Filipenses 4, 6). 

9.- PORQUE EN LA ORACIÓN ENCONTRAMOS DESCANSO.

Son muchas las veces que nos hemos visto desbordados por alguna situación que no podemos controlar, nos hemos sentido angustiados por algo que no llegamos a entender o que agotados nos hemos cansado de luchar por algo. Pues es en todas estas situaciones donde parece que todo se derrumba y sentimos un profundo vacío cuando Jesús nos invita a acudir a Él: «Venid a mí todos los fatigados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mateo 11, 28). Dios nos ama y se preocupa por nosotros, por eso desea tanto que acudamos a Él y le hablemos de nuestros problemas y desasosiegos para que encontremos la paz y el descanso que sólo Él puede ofrecernos: «Venid vosotros solos a un lugar apartado, y descansad un poco» (Marcos 6, 31)

Personalmente para mi esta es una de las razones por las que más me gusta hacer Oración. En Emaús solemos cantarle al Señor en las adoraciones una sencilla canción que dice:
«Ven y descánsate en Dios,
y deja que Dios sea Dios.
Tú sólo adórale»
Y es que cuando algo no va bien o todo parece que se tuerce en nuestras vidas nada mejor que acudir a Dios con confianza ciega y descansar en Él, en sus brazos. Simplemente debemos contemplarle, adorarle y dejar que Dios sea Dios. Veréis como os sorprenderá.

10.- PORQUE A TRAVÉS DE LA ORACIÓN PODEMOS ORAR POR OTRA PERSONA.

«Por eso, te encarezco ante todo que se hagan súplicas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres» (1 Timoteo 2, 1)

Muchas mas son las referencias en las Sagradas Escrituras que hacen referencia a la Oración de Intercesión. Una de las mayores manifestaciones de amor que puede demostrar un cristiano es el de orar por otra persona o personas necesitadas. A través de la Oración de intercesión podemos hacer de puente entre una persona y el Señor. Se trata de que por medio de la Oración podemos apelar al corazón misericordioso de Dios, y partiendo de la confianza absoluta que tenemos de que el Señor nos escucha y nos responde, hacer de mediadores y pedir por otra persona. Es el acto de solidaridad, humildad y de amor desinteresado más grande que podamos imaginar hecho desde lo más profundo de nuestro corazón. Todos los cristianos hemos sido llamados a ser intercesores: «Rezad unos por otros, para que seáis curados. La oración fervorosa del justo puede mucho» (Santiago 5, 16). Y es que la Oración de Intercesión no tiene límites ya que podemos incluso practicarla en favor de nuestros enemigos o de las personas más alejadas de Dios: «Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persigan» (Mateo 5, 44).

De modo que ya lo sabéis: «Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra sobre cualquier cosa que quieran pedir, mi Padre que está en los cielos se lo concederá» (Mateo 18, 19).


«No os preocupéis por nada; al contrario: en toda oración y súplica, presentad a Dios vuestras peticiones con acción de gracias. Y la paz de Dios que supera todo entendimiento custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús» (Filipenses 4, 6-7)


 Foto: cathopic

 

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