La aventura de Dios

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El otro día escuchando una meditación me llamó la atención la reflexión que hacía el sacerdote. En ella comentaba que la vida cristiana es una gran aventura y que una aventura vivida en soledad no es una aventura. Para que una aventura sea considerada como tal necesitamos de la participación de los demás y también el poder compartirla con otros.

Y es que lo que Jesús nos propone es una misión que es en si una gran aventura: «Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda criatura» (Marcos 16, 15). Esta es la aventura en la que Dios nos propone participar: que seamos testigos suyos, de su verdad, de su alegría, de su gracia, de su amor, de su misericordia y como no, de la Salvación. Nos pide que demos testimonio en nuestras familias, entre nuestros amigos, en el trabajo, en la universidad, en el colegio, etc.

En esta aventura necesitaremos en primer lugar, y principalmente, de la participación de Dios. Si actuamos solos nos hará falta su gracia, amor, fuerza, luz, consuelo y dirección. Pasaremos por momentos de grandes dificultades, tanto externas (incomprensión, burla, persecución, marginación, etc) como internas o personales (cansancio, desánimo, desaliento o el mismísimo pecado en forma de soberbia, egoísmo, pereza, etc). Está claro que necesitaremos de la ayuda de Dios a través de su Espíritu Santo ya que solos no podemos. En el caso de que actuemos colectivamente será muy importante rodearnos de personas (comunidades, movimientos, parroquias, etc) que comparten un mismo proyecto cristiano de vida encaminado a evangelizar con un objetivo claro: ayudar a los demás a alcanzar la salvación.

Saber que tanto yo individualmente como los demás que me acompañan en esta aventura formamos parte del proyecto divino de Dios, y saber que nunca estamos solos debe servirnos para mantenernos firmes y unidos en esta aventura tan apasionante. Todas las dificultades, obstáculos o problemas que irán surgiendo a lo largo de esta misión, por muy grandes y complicados que sean, no serán nada sabiendo que Él cuida y ora por mi y por todos los demás.

Cuando pienso en esta aventura que nos propone Dios no dejo de pensar en las terribles dificultades a las que debieron enfrentarse los primeros apóstoles y las primitivas comunidades cristianas, incluso en innumerables casos sufriendo martirio pagando con sus propias vidas. Hoy también nos enfrentamos a tiempos muy difíciles y somos conscientes de que son muchas las dificultades a las que debemos enfrentarnos los católicos a todos los niveles, lo se. Pero como decía Santa Teresa de Jesús: «Quien a Dios tiene nada le falta: sólo Dios basta».

Muchos ánimos a todos queridos hermanos y salgamos con valentía de una vez por todas por el mundo a evangelizar con la fuerza que nos da Dios Padre y la inspiración de su Espíritu Santo. Se que cuesta, a mi el primero, pero es lo que Dios espera de mi, de todos nosotros sus hijos.


«Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra». (Hechos 1, 8)


photo: Phil Coffman

 

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