¿Quién te está esperando?…

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Hace unos días fui al aeropuerto a recoger a unas personas muy queridas que llegaban de un largo y cansado viaje. Unos días antes de su regreso me habían dicho que no hacía falta que fuese a buscarlos ya que habían contratado un coche con chófer para volver a casa. Aún así decidí darles la sorpresa e ir al aeropuerto a recibirlos. Son personas a las que quiero.

El vuelo aterrizó con algo de retraso y pasar el control de pasaportes y recoger el equipaje se demoró más de lo habitual. Es lo normal en esta época del año. El aeropuerto está tan saturado por los turistas que visitan nuestra ciudad que este se colapsa a algunas horas. Entre una cosa y otra estuve algo más de una hora esperando en la zona de Llegadas por donde salen los viajeros.

Allí tuve la oportunidad de ser testigo de muchas escenas que me hicieron imaginar todo tipo de historias con final feliz. La emoción de un padre inmigrante y sus dos niñas pequeñas esperando impacientes a mamá que llega para reunirse por fin con ellos. La de un joven con un ramo de flores que ha venido a buscar a su novia después de una larga separación y que se funden en un gran abrazo entre lágrimas. Veo también una mujer elegante que recibe con una gran sonrisa complice y un beso tierno a su ejecutivo perfectamente trajeado que finalmente llega después de un duro viaje de negocios. Un tropel de niños que saltándose la valla de seguridad corren a abrazar a sus abuelitos que llegan cansados desde muy lejos. Unas chicas, seguramente estudiantes aún, que con globos y una coloreada pancarta sorprenden a una amiga que vuelve a casa tras estudiar un año fuera… ¡No os podéis imaginar cuanta felicidad vi en todas aquellas personas! ¡Y cuantas lágrimas! Últimamente soy de lágrima fácil y debo reconocer que hasta me llegué a emocionar. Pero es que llegar cansado tras un largo viaje y ser recibido con tanto tanto amor y cariño por los que te quieren y saber que tienes un lugar en su corazón debe ser impresionante, un verdadero regalo.

Pero allí no todo me pareció tan feliz, la realidad es que a la mayoría de los que allí llegaban no tenían a nadie que les esperase. Unos salían corriendo hacía la calle con total indiferencia sin apenas mirar a su alrededor, con cara de pocos amigos y con la certeza de que nadie les había venido a buscar ni falta que les hacía; otros estiraban el cuello y con decepción en los ojos miraban de un lado a otro a ver si por casualidad alguien había decidido sorprenderlos. Vi a muchas personas de con semblante serio que eran recibidas con total frialdad por otras tantas personas desconocidas, muy serios también con sus nombres escritos en unas cartulinas. Pude observar grupos de viajeros que eran reagrupados a voces como si fueran ganado alrededor de una Guía pertrechada con una ridícula banderita. Con cierta lástima vi una pareja de orientales mayores completamente angustiados sin saber a donde dirigirse e incapaces de comunicarse con los demás, y hasta un señor muy mayor solo, muy solo, con la mirada triste, muy triste… Es la otra cara de la moneda. Son los que no tienen a nadie que les espere.

Te pregunto: y al final de tu vida, de este viajar por este mundo, cuando estés ya cansado o cuando en cualquier momento seas llamado a hacer tu último ‘viaje’ ¿Tienes a alguien que te espere? ¿Quién te espera?… Yo lo tengo muy claro. Cuando cruce la puerta de ‘Llegadas/Arrivals’ Él me estará esperando con una gran sonrisa y con los brazos abiertos. Saber que mi buen Jesús me estará esperando hace que este largo ‘viaje’, que antes carecía de sentido y se me hacía muy duro, ahora sea mucho más llevadero. La esperanza y la confianza en el reencuentro con Dios, alguien muy querido y deseado, da pleno sentido a mi ‘viaje‘ como cristiano. Me imagino ahora a esa mamá inmigrante, a esa novia, a ese ejecutivo, a esos abuelitos o a esa estudiante viajando esperanzados, ilusionados y felices imaginando el tan deseado reencuentro con sus seres más queridos. Así me siento yo hoy.

Es fantástico tener la certeza y la confianza plena de que sea como sea mi ‘viaje’ al final cuando llegue, dan igual los obstáculos o los retrasos, alguien me estará esperando. Jesús nunca dejará de esperarme ya que Él tan solo anhela que nos encontremos para poder disfrutar el uno del otro. Quiero y deseo estar preparado para que el día de nuestro encuentro poder presentarme ante Jesús, mi Dios, con la mejor de mis sonrisas, con el corazón desbordado de amor y con el convencimiento de que fundirme en un abrazo con Él será la mejor recompensa. No deseo para nada llegar a mi destino sin saber si alguien me está esperando, o si la persona que me está esperando no es precisamente la persona a la que tanto quiero. Es más, creo que no hay nada más triste que llegar al final de un ‘viaje’ y que nadie te esté esperando.

¡Pídele a Jesus que te esté esperando!

Por cierto. No os podéis imaginar la inmensa felicidad y las sonrisas de mis seres queridos a los que había estado esperando cuando me vieron entre la multitud que abarrotaba la Terminal 1 aquella mañana ¡Vaya sorpresa! ¡Vaya regalo!


«También vosotros estáis tristes ahora, pero volveré a veros y se alegrará vuestro corazón y vuestra alegría nadie os la podrá quitar. Aquel día no me preguntaréis nada»
(Juan 16, 22-23)


Espero en Ti, Señor.
Mi alma espera en su palabra;
mi alma espera en el Señor
más que los centinelas la aurora.
(Salmos 130, 5-6)


foto: lucas241335
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