Y tú ¿eres misericordioso?

misericordia-amor-caridad

¡Wow! ¡Vaya pregunta!…

Después de charlar más de dos horas contigo hermano vas, y como quien no quiere la cosa, me haces esta sencilla pregunta con respecto a una persona que sufre. Fue como el impacto de un torpedo a mi línea de flotación. Me dejó algo descolocado la verdad. Supongo que debiste notar como dubitativo no sabía que contestar exactamente.

—¿Eh?… ¡Pues claro!… bueno no se… quizás no… ¿A qué te refieres?… 

Que sepas que le he estado dando muchas vueltas a tu pregunta estos últimos días: — ¿Soy realmente misericordioso? ¿Lo soy o no lo soy? La verdad es que nunca me lo había planteado seriamente, es más, mi primera reacción ante tal pregunta fue decir que sí, que claro ¡que soy muy misericordioso! Pero automáticamente me asaltó una duda ¿Qué entendía yo realmente por Misericordia?

Creo que siempre he tenido la tendencia, y supongo que le sucederá a mucha gente, de confundir MISERICORDIA con LÁSTIMA. Y mucho me temo que por allí no va realmente tu pregunta. Ante una persona que sufre puedo sentir lástima, pero eso no necesariamente quiere decir que yo me muestre misericordioso con ella. La lástima la entiendo como un estado mental ante una situación que me sacude o me impacta emocionalmente, pero que no necesariamente conlleva aparejada una reacción o una acción bondadosa por mi parte. Por ejemplo, puedo sentir lástima por un mendigo y hasta por un delincuente que me ha atacado, pero no necesariamente esto significa que me muestre misericordioso con ellos.

Debemos entonces descartar a la Misericordia como un mero estado mental. La Misericordia es una virtud divina que conlleva tomar una actitud bondadosa. La Misericordia es la consecuencia directa del AMOR y de la CARIDAD. El mismo Jesús nos pide que seamos misericordiosos con los demás y así nos lo dice en Mateo, 25, 35-36: «porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era peregrino y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme». A su vez la Iglesia nos da un listado tomado de diferentes textos de la Biblia de obras misericordiosas espirituales como son: dar consejo a quien lo necesita, consolar al afligido, perdonar al que nos injuria, soportar con paciencia sus defectos, etc.

Eso sí, la Misericordia necesariamente debe nacer del amor a Dios, y fruto de este amor surge el amor hacia el prójimo. Sólo de esta manera daremos y recibiremos la Gracia de Dios. «Dad y se os dará» (Lucas 6, 38). Leyendo estos días algunos textos sobre la Misericordia leí en algún lado una frase que define muy bien la Misericordia: «La misericordia es darse dando». Son tan sólo cinco palabras ¡pero cuanta verdad hay dentro de ellas!. Dar, dar y más dar… no sentir simplemente lástima. En definitiva se trata de dar para poder recibir. La Misericordia para los que somos cristianos tiene que significar: consideración, amabilidad, justicia, respeto, perdón, consuelo, paciencia… En definitiva, adoptar una postura basada en el amor y caridad hacia los demás.

Ahora empiezo a tenerlo claro y he llegado a una conclusión. Es más, ya tengo una respuesta para tu pregunta y aceptar que: —No, no soy misericordioso hacía esa persona que sufre. —Me duele reconocerlo y creo que ya he entendido por donde iba tu pregunta. Ciertamente debería mostrarme más humilde y misericordioso con los que me rodean si pretendo que ellos también me traten de la misma manera. Al fin y al cabo ejerciendo la Misericordia estaré haciendo la voluntad de Dios. Si doy algo mío al prójimo el Señor me dará también a mi lo que yo necesite. Quizás allí estará la solución a mis desvelos y preocupaciones.

¡Vaya suerte la mía! Ultimamente cuando más lo necesito siempre aparece en mi vida un ángel ¡Gracias querido hermano por hacerme reflexionar sobre la Misericordia!

 


«Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia» (Mateo 7, 7)


«En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también dejasteis de hacerlo conmigo» (Mateo 25, 45)


«Que nuestra vida acompañe las vidas de los demás, para que nadie se encuentre o se sienta solo. Nuestra caridad ha de ser también cariño, calor humano» 
(San Josemaría)


foto: cathopic
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