¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?

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«¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?»…

Que dos bellas preguntas hace Jesús resucitado a María Magdalena cuando ella al principio no le reconoce y le confunde con un hortelano. Pero es cuando Él la llama por su nombre que entonces ella le reconoce y le llama «Rabbuni» (Maestro)…

¿Os imagináis la escena? María Magdalena que acaba de vivir tres días terribles en los que no ha dejado de llorar por su amado Jesús. Ella que ha sido testigo de su agonía y muerte en la cruz, que ha visto como era descolgado del madero e introducido ya sin vida en el sepulcro, de repente se lo encuentra ¡vivo!… Como si no se acabase de creer lo que está sucediendo me la imagino abrazándole con tantísima fuerza y sin querer soltarlo que incluso Jesús le llega a decir, como así nos lo relata Juan en su Evangelio (Jn 20, 11-18): «Suéltame». Me imagino al pobre Jesús agobiado con tanto abrazo y no dejo de sonreír. María Magdalena es la viva imagen de la felicidad absoluta.

Te propongo un ejercicio. Ahora cierra los ojos y piensa que es el mismo Jesús resucitado el que está ahora mismo frente a ti, que te llama por tu nombre y te hace estas mismas preguntas: ¿Por qué lloras? ¿A quién buscas?… Piénsalo, sigue con los ojos cerrados e imagínate la escena. Medita el porqué, la causa de tu llanto, de tu angustia, de tu pena, de tu necesidad, de tu agobio, de tu profundo dolor. Quizás sientes que has sido abandonado o que tu vida ha perdido todo su sentido; quizás notes un vacío inmenso a pesar de tenerlo todo; puede hayas caído en un pozo y seas incapaz de salir de él; tal vez tengas un problema de difícil solución o una enfermedad que te angustia; en definitiva, que te sientes sólo, triste y abatido como María Magdalena cuando sabe que ya nunca más verá a Jesús y que encima se lo han llevado. Haz un examen de tu vida.

Sigue pensando en ello con los ojos cerrados. Y cuando todo y todos te han fallado ¿A quién buscas realmente? ¿Acaso no has sentido alguna vez que tu corazón ardía pensando en que quizás Jesús, el mismo Dios, era la persona que estabas buscando y no te dabas cuenta o no te atrevías a acudir a Él? Intenta escuchar su voz y cómo te llama, Él siempre ha estado a tu lado pero estabas tan sordo que eras incapaz de oírle cuando lo hacía. Sigue con los ojos cerrados y ahora escucha, pero con el corazón… ¿oyes como te está llamando por tu nombre? Sí, es Él, es «Rabbuni» el Maestro, que anhela que le abraces con la misma fuerza con que lo hizo la fiel María Magdalena.

Te aseguro que a partir del momento en que lo reconozcas a tu lado y lo abraces con fuerza tu vida estará empezando a cambiar. Insisto, haz la prueba…


Le dijo Jesús:
— Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?
Ella, pensando que era el hortelano, le dijo:
— Señor, si te lo has llevado tú, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré.
Jesús le dijo:
— ¡María!
Ella, volviéndose, exclamó en hebreo:
— ¡Rabbuni! que quiere decir: «Maestro».

(Juan 20, 15-16)


foto: Cathopic

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