Un encuentro casual (o no tan casual) por la vida

si-a-la-vida

Hoy os quería comentar algo que me sucedió el pasado jueves. Por la mañana, después de misa mientras me dirigía caminando al trabajo, aproveché para rezar el Santo Rosario. Fue entonces cuando le rogué al Señor que me hiciera un favor especial para esta cuaresma. El favor que le solicitaba era que me diese una ocasión para ponerme al servicio de los demás y hacer algo por los más necesitados, en definitiva que me diese una ocasión de Servir. Le decía al Señor que últimamente notaba que mi fe era una fe acomodada, confortable y de pocas obras, como muy de “postureo”. Creo que ya os hablé en un post anterior de este tema.

Y como el Señor es como es y siempre está atento a nuestras peticiones decidió actuar, os cuento. Después de comer mientras volvía caminando hacia el despacho me ocurrió algo realmente sorprendente. Normalmente no suelo utilizar una ruta fija y voy cambiando de camino para evitar que el paseo se haga monótono. Pues resulta que iba por una calle donde al pasar junto a una pequeña torre blanca de la zona alta de la ciudad, torre que por cierto había visto ya un sinfín de veces, me di cuenta que había en la acera de enfrente dos hombres y una mujer de pié mirando hacia la torre. Al acercarme a ellos me di cuenta que los tres llevaban en la mano el rosario y que una de estas personas ¡Era un ‘hermano’ de Emaús! Y además daba la casualidad que era un hermano con el que había coincidido en mi peregrinación a Medjugorje el pasado verano.

Me paré a saludarle, nos dimos un abrazo y me comentó que la torre que teníamos en frente, y así se anunciaba en un pequeño rótulo, era una clínica “Ginecológica y de Planificación Familiar” (vaya eufemismo macabro para definir un lugar donde donde se practica el aborto) y añadió que allí mismo se practicaban unos seis abortos diarios de media ¡Seis muertes cada día! Me dejó alucinado. Me comentó que estaba allí participando como voluntario en una campaña a nivel mundial llamada “40 días por la vida” y que dedicaba dos horas semanales de su tiempo a estar allí, de forma pacífica y silenciosa, orando por el fin del aborto. El otro hombre que estaba allí me comentó que está campaña consiste en que durante 40 dias seguidos cientos de voluntarios se comprometen en turnos de 1 hora o más a rezar frente a esta clínica pidiendo por el fin del drama del aborto. Fue entonces cuando mi amigo me preguntó:

—¿A donde vas? ¿llevas prisa?…
— Voy a trabajar, pero la verdad prisa, lo que se dice prisa no— le contesté
—Entonces ¿por qué no te quedas con nosotros a rezar el Santo Rosario?…
—Mmmm… este… bueno… ¡Venga vale, por qué no!… — dije aceptando su invitación.

Y nos pusimos a rezar el Santo Rosario. Os puedo asegurar que fue algo fantástico y espectacular. Hacía tiempo que no oraba con semejante intensidad y profundidad. Con un objetivo claro y definido. Esa hora me sentí íntimamente muy unido a Dios, a la Virgen María y a todas las víctimas inocentes de esta lacra del aborto: los niños indefensos asesinados, sus desesperadas madres y padres, familias, médicos, enfermeras, nuestros gobernantes… con todos ellos, porque al final en este drama todos son víctimas de esta locura. Al acabar estaba feliz y emocionado de haber podido ayudar a los demás, de haber podido servir de alguna manera a los más necesitados aunque sea sólo con la oración, de manera pacífica, discreta y silenciosa. Dios me había hecho un maravilloso regalo.

Muchos pensaréis que quizás este tipo de acciones son completamente inútiles y me preguntaréis ¿Pero de verdad te crees que cuatro tipos que apenas casi se conocen rezando en la calle pueden acabar con el aborto? ¡Rotundamente sí! y estoy convencido de ello. El Señor ya nos lo dice en la Biblia:

«Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra sobre cualquier cosa que quieran pedir, mi Padre que está en los cielos se lo concederá. Pues donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
(Mateo 18, 19-20)

Y hoy estoy convencido que Jesús, en ese preciso momento, estaba entre nosotros, incluso dentro de la clínica profundamente conmovido entre tanto sufrimiento.

Sinceramente, que justamente ese día y a esa hora casualmente pasase yo por esa calle en concreto y que me encontrase a mi ‘hermano’ y que este fuera instrumento del Señor invitándome a orar con ellos por los demás puede parecer todo fruto de la casualidad. Yo me inclino más por pensar que detrás de todo estaba la mano de Dios que me estaba concediendo el favor que le había pedido por la mañana: dejar de rezar pidiendo sólo por mi y ponerme al servicio de los demás rezando por otros, por los más necesitados. Y es que Dios nunca me falla y por eso le estoy muy muy agradecido.

La Cuaresma es un tiempo de introspección, de penitencia, de ayuno y sobre todo para practicar la Caridad. La Caridad se puede practicar de muchas maneras, no sólo es dar unas pocas monedas a un mendigo, también se puede practicar regalando parte de nuestro valioso tiempo a los más necesitados aunque sea sólo para orar por ellos. Por eso os animo a que participéis de esta campaña dedicándole algo de vuestro tiempo. Podéis buscar vuestra ciudad en la web de 40 Days for Life y apuntaros en algún turno de oración. Y si os es imposible comprometeros algún día en concreto quizás podríais pasaros algún día por delante de alguna de estas clínicas y pararos un momento a rezar por el fin del aborto. Quien sabe igual algún día coincidimos… yo estaré en Barcelona.

¡Sí a la Vida!

foto: cathopic

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