5 tópicos sobre los católicos que no deberías creer

Es muy habitual escuchar a periodistas, tertulianos, influencers, youtubers, amigos, compañeros de trabajo o incluso familiares no muy próximos a la Iglesia Católica, ‘atacar’ a los creyentes con una serie de falsedades y tópicos que se van repitiendo desde tiempos inmemoriales. Se muy bien de lo que hablo, no en vano yo mismo hace tan solo dos años era una de estas personas extremadamente críticas con la Iglesia y los creyentes y solía echar mano estos tópicos.
Ahora que mi vida ha cambiado y digamos que me he pasado ‘al otro bando’ pretendo analizar algunos de estos tópicos y darles mi respuesta personal a través de este blog. En esta entrada empezaré con los cinco primeros y espero más adelante ir analizando algunos más. Pues vamos con ellos:

1.– LOS CATÓLICOS SON GENTE ABURRIDA, TRISTE Y AMARGADA.

¿Por qué? Muy al contrario, los católicos, adultos o jóvenes, somos felices ya que nos sabemos hijos amados de Dios, da igual como haya sido nuestro pasado. Sabemos que Dios en su infinita misericordia perdona nuestros errores y pecados una y otra vez porque nos ama. Y Dios, que nos ama con locura, nos invita a participar de su Gloria Celestial. Ser los herederos de su Reino nos hace vivir la vida con gran alegría y optimismo, con incertidumbres y dudas claro, como todo el mundo, pero la recompensa es tan maravillosa que disfrutamos de la vida igual que los demás, incluso más si cabe ya que nuestra vida al tener una trascendencia más allá de los límites de la vida terrenal la hace aún más apasionante.

La vida de un católico es osada, atrevida, radical y es vivida siempre a contracorriente. Los católicos somos gente que no nos conformamos con someternos a las modas y tendencias de una Sociedad que quiere imponer un modo de vida fácil basado en el materialismo y el relativismo, en el individualismo y el consumismo; y que antepone el placer y la satisfacción inmediata sin complicaciones sin ataduras al compromiso de la Fe y a la entrega abnegada al cumplimiento de los mandamientos de Dios.

«Así pues, también vosotros ahora os entristecéis, pero os volveré a ver y se os alegrará el corazón, y nadie os quitará vuestra alegría» (Juan 16, 22)

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2.- LOS CATÓLICOS CREEN EN UN DIOS CRUEL Y VENGATIVO.

No nos engañemos, muchas veces los católicos también nos hemos preguntado ¿Por qué permite Dios que pasen algunos hechos tan trágicos? ¿por qué no hace nada para evitarlos? ¿Es que acaso no le importamos? ¿Será que es cruel? ¿Por qué todo lo bueno y placentero de esta vida es pecado o merece su castigo?… Por otro lado estas mismas preguntas son utilizadas por los no creyentes para atacar a los católicos y al mismo Dios.

Dios, como nos relata el Génesis, de la misma manera que creó el bien y el mal nos creó a su imagen y semejanza, perfectos y libres. Pero ya desde el inicio de los tiempos nuestra debilidad y el mal uso de esta libertad hizo que optásemos por rebelarnos contra Él cayendo en el pecado.

Por otro lado las mismas escrituras nos dicen: «Sabemos que somos de Dios, mientras que el mundo entero yace en poder del Maligno». (1 Juan 5, 19). Resulta evidente que del mismo modo que Dios creo el Bien creo también el Mal, y si el Mal domina el Mundo no es descabellado pensar que Satanás intenta siempre atraer a los seres humanos hacia el Mal de muchas maneras. Haciéndonos individualistas, avariciosos, egoístas, codiciosos, violentos, etc. En definitiva sembrando todo tipo de males en la humanidad que se traducen en todo tipo de desastres y tragedias. En definitiva se trata pues de que el ser humano haciendo uso de esa libertad que Dios le ha otorgado opte por el Bien o el Mal. Dios no es cruel y nunca ve con indiferencia el dolor que Satanás ocasiona, todo lo contrario, se conmueve al ver nuestro sufrimiento. Pero sí que es un Dios estricto, que recompensa muy generosamente al que libremente opta por el Bien y castiga al que opta por el Mal, cosa que nada tiene que ver con ser un Dios vengativo. Es simplemente un padre justo. Es más, Dios en su infinita misericordia perdona siempre nuestros errores y pecados y no se cansa nunca de abrazarnos a pesar de todo el mal que hayamos podido ocasionar. Nos ama y nos quiere a su lado, y esto requiere un esfuerzo importante por nuestra parte.

No nos engañemos, muchas personas, incluso algunos católicos, tienen miedo a Dios y temen su supuesta venganza por sus propias infidelidades. Muchas veces por nuestras debilidades hemos apartado a Dios de nuestras vidas. Otras veces a causa de nuestras debilidades nos damos por vencidos a la exigencia de una fe responsable y comprometida en constante lucha contra el mal. Es muy sorprendente, para muchos es más fácil y cómodo decir que no creen en Dios, pero paradójicamente por otro lado le echan la culpa de todo lo malo de lo que les ocurre a ellos y de lo que ocurre en el mundo, acusándolo de ser cruel y vengativo. Entonces ¿En qué quedamos? ¿Existe o no existe Dios?…

En cuanto a la pretendida crueldad de Dios, apuntar que las catástrofes naturales, las enfermedades o las muertes no podemos considerarlas un castigo de un Dios cruel y vengativo, aunque ciertamente podrían serlo ya que en el Antiguo Testamento podemos encontrar casos en que si lo fueron. Es inherente a la vida misma que se rige por la existencia de los males naturales. El mundo siempre está en continua evolución a través de complicadas leyes naturales, es un mundo vivo y cambiante. Pero debemos considerar también que lo que llamamos desastres o tragedias muchas veces tienen mucho que ver con el mal uso que hacemos los hombres de la creación a causa del Mal (ataques medioambientales, contaminación, cambio climático, contaminación, desforestación, etc) y nada que ver con un Dios cruel. Sería ridículo acusar a Dios de ser cruel y vengativo por castigar por sus pecados a un país entero con un terrible tsunami en donde morirían miles de personas, entre las cuales habría tanto pecadoras como inocentes. Juan Pablo II decía: «Si bien es cierto que el sufrimiento tiene un significado como castigo, cuando está conectado con una falta, no es cierto que todo sufrimiento sea una consecuencia de una falta y tenga la naturaleza de un castigo».

Los católicos debemos buscar y encontrar la bondad de Dios en toda la creación a pesar de las catástrofes, enfermedades o muertes. Es más, diría que deberíamos incluso utilizar estos males para acercarnos aún más a Dios, que nos ama y que se muestra conmovido con nuestra tristeza y desolación en estos casos. Recordemos que Jesús también sufrió voluntariamente lo indecible por nosotros en la cruz cuando siendo Dios podía haber evitado perfectamente tal cruel sufrimiento. La Fe debe hacernos entender, y se que es difícil muchas veces, que el sufrimiento y el dolor tienen un enorme poder transformador sobre quienes lo padecen y sufren, o incluso en los que somos testigos de tanto sufrimiento y dolor ¿Cuantas veces no hemos reaccionado o hemos sido testigos de como la gente ha reaccionado con solidaridad, generosidad, amor, compasión, unión, oración, etc ante alguna tragedia o desastre? Dios, nos ama y cuida de nosotros como cualquier padre cuida a sus amados hijos, pero no siempre tenemos los la capacidad suficiente para poder entender por qué hace lo que hace. Deberíamos apoyarnos en la fe y confiar ciegamente en su manera de actuar.

Una vez me explicaron el siguiente ejemplo que ilustra muy bien lo que intento explicar:

Un niño pide a sus padres que le den pasteles y dulces para comer pero los padres le dicen que no y le dan un buen plato de verduras. El niño se enfada muchísimo y se entristece ya que odia la verdura. El niño llora disgustado y no entiende como es posible que sus padres, que tanto le quieren hayan sido capaces de negarle lo que más le gusta y hacerle sufrir de esta manera.

¿Por qué actúan así los padres? ¿Acaso son tan crueles que les gusta ver sufrir y llorar a su hijo? ¿Por qué los padres no le dan siempre pasteles y dulces para comer y evitarle así tanto sufrimiento?… La respuesta a estas preguntas es sencilla y creo que todos la tenemos muy clara: Los padres actúan de esta manera porque lo aman y lo quieren con locura y saben que comer solo dulces y pasteles es muy malo para su salud y en cambio la verdura es muy saludable para él.

Para los padres sería mucho más fácil darle al niño siempre lo que quiere, pero son conscientes de que se trataría de una felicidad puntual y que a largo plazo sería muy perjudicial para su salud. Los padres han cogido el camino más doloroso pero lo hacen porque saben lo que es mejor para su amado hijo, aunque este en ese momento no pueda entenderlo. Así como estos padres actúan deberíamos comprender que actúa Dios, aunque a veces no podamos entender porque lo hace así.

«Nos debe bastar saber que Dios es Padre y permite el sufrimiento para nuestro bien. Por eso Dios deja actuar las leyes de la naturaleza y la libertad de los hombres. Para los hombres el sufrir es un mal; pero no así para Dios, que ha querido redimir al mundo por el sufrimiento. Si el sufrir fuera malo, Cristo no hubiera sufrido ni hubiera hecho sufrir a su madre. Esto no obsta para que nosotros procuremos mitigar el dolor con los medios que Dios pone a nuestro alcance» (Padre Jorge Loring)

3.- LOS CATÓLICOS SON UNOS FANÁTICOS.

Es bien cierto que el fanatismo algunas veces no es nada deseable, sobre todo si se intenta imponer unas ideas a los demás por la fuerza, pero honestamente creo que este no es el caso. Y si por otro lado partimos de la premisa de que un fanático es todo aquel que molesta e incomoda porque tiene unas convicciones profundas y no se inclina por el “todo vale” que pretende imponer la actual sociedad, teniendo que ir siempre a contracorriente, entonces los católicos sí lo somos.

Si estar contra el aborto, la utilización de células madre embrionarias, la eutanasia, los anticonceptivos y apostar por la vida y defenderla es ser un fanático, entonces somos fanáticos.
Si estar en contra de la violencia, la guerra, la pornografía y los desórdenes morales es ser un fanático, pues mire usted, lo somos.
Si estar contra la maternidad subrogada y la imposición de una ideología de género es ser un fanático, estamos de acuerdo.
Si amar a Dios por encima de todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos es ser un fanático, seguramente es que es así.
Si seguir las enseñanzas de la Santa Biblia, cumplir los mandamientos y las bienaventuranzas y regirnos por el catecismo es ser fanáticos, sí, es lo que somos.
Si creer que en la eucaristía realmente Dios se nos hace presente tal como así nos lo transmitió Jesús en la última cena, o que Jesús murió en la cruz para redimirnos de nuestros pecados es ser un fanático, lo aceptamos.
Si creer que el matrimonio es un sacramento sagrado y que es para toda la vida es ser un fanático, entonces es que lo soy.
Si creer que los derechos de un niño siguen siendo mucho más importantes que los derechos de un animal (que también los tiene y merecen todo nuestro respeto) es ser un fanático, pues adelante con el fanatismo.
Si creer que servir es mejor que ser servido o que dar es mejor que recibir es ser un fanático, pues creo que sí soy un fanático.
Si creer que Padre, hijo y Espíritu Santo son tres personas y un solo Dios y que la Virgen María concibió por obra y gracia del Espíritu Santo a nuestro Señor Jesucristo es ser un fanático, pues vale, lo somos.
Si creer en la resurrección y la vida eterna es ser un fanático reaccionario, pues bendito fanatismo.
Si creer que vivos y muertos seremos algún día juzgados y según lo que aportemos o no aportemos ante Dios seremos glorificados o condenados es ser un fanático, pues entonces bienvenido sea este fanatismo…

Y podría seguir, pero si fanatismo es seguir a Cristo intentando ser como Él, comportándonos como lo hubiera hecho Él, con humildad y siempre con una sonrisa, entonces dejemos de hablar de fanáticos ya que no pretendemos imponer nuestras creencias a la fuerza. Hablemos simplemente de católicos, sin más y dejemos ya de una vez de lado lo de fanáticos.

«Por tanto, como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de entrañas de misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga queja contra otro; como el Señor os ha perdonado, hacedlo así también vosotros. Sobre todo, revestíos con la caridad, que es el vínculo de la perfección. Y que la paz de Cristo se adueñe de vuestros corazones: a ella habéis sido llamados en un solo cuerpo. Y sed agradecidos.» (Colosenses 3, 12-15).

4.- LOS CATÓLICOS NO SON LIBRES YA QUE ESTAN SUJETOS A UNA INFINIDAD DE NORMAS QUE COARTAN SU LIBERTAD.

La Iglesia Católica si bien tiene un origen divino, como cualquier organización humana que es, debe sustentarse en una serie de normas llamadas a garantizar la convivencia entre sus miembros. Digamos que es el esqueleto sobre el que se sustenta toda su organización. Es el caso del ‘Código de Derecho Canónico’ o el de las numerosas normas concretas que rigen la vida de los fieles y la liturgia así como las normas de los obispos, los párrocos o las que afectan a las diferentes ordenes religiosas. Son muchas normas ciertamente, incluso diría que muchas veces son totalmente desconocidas por nosotros los propios católicos ‘de a pié’. Normas que algunos ven como encaminadas a oprimir, como si fueran un atentado a la libertad de conciencia o a la libre iniciativa de las personas. Nada más lejos de la realidad.

Pero esta mentira difundida sobre los católicos que viven su vida bajo el peso de un yugo opresor se basa muchas veces en el desconocimiento de qué es lo que de verdad rige la vida del católico, que os aseguro es mucho más sencillo de lo que se creen. Los católicos no vivimos atenazados por unas normas estrictas y opresoras, somos completamente libres como los demás seres humanos pero regimos nuestras vidas por algo mucho más simple que nos fue revelado por el mismo Dios y que se resume en unas pocas líneas de texto, no en grandes volúmenes o aburridos códigos: Son Los diez Mandamientos (Éxodo 20, 1-17) y por otro lado Las Bienaventuranzas (Mateo 5, 1-12), que nos fueron reveladas por el mismo Jesucristo. Unos, los mandamientos, son de cumplimiento ‘grave’ para los católicos como así aparece en el Catecismo de la Iglesia Católica en su artículo 2072: «Los diez mandamientos, por expresar los deberes fundamentales del hombre hacia Dios y hacia su prójimo, revelan en su contenido primordial obligaciones graves. Son básicamente inmutables y su obligación vale siempre y en todas partes. Nadie podría dispensar de ellos. Los diez mandamientos están grabados por Dios en el corazón del ser humano». Y por otro lado las Bienaventuranzas que San Josemaría Escrivá proponía como un ideal de vida para todos, y cito: «Son un ideal realizable no una utopía; constituyen un apasionante programa de vida que todos podemos llevar a cabo en nuestra existencia, luchando cada día con propósitos concretos de conversión y mejora».

En definitiva, y es así de simple, la vida del católico básicamente se rige por un pequeño puñado de normas muy concretas y concisas cuyo cumplimiento nos garantiza la mayor de las recompensas. Así nos lo dice el propio Jesús:

«Y se le acercó uno, y le dijo:
—Maestro, ¿qué obra buena debo hacer para alcanzar la vida eterna?
Él le respondió:
—¿Por qué me preguntas sobre lo bueno? Uno solo es el bueno. Pero si quieres entrar en la Vida, guarda los mandamientos» (Mateo 19, 16-17)

Está claro que cumplir estos mandamientos y aplicarnos las bienaventuranzas a menudo es difícil y requiere de un sacrificio que muchos no están dispuestos a hacer, pero estoy convencido que este sería un mundo mejor y evitaríamos muchos de lo problemas que hoy nos amenazan si estas normas de conducta fuesen adoptadas por toda la humanidad, creyentes y no creyentes, ya que no deberían ser de uso exclusivo para los católicos. Este mundo sería un lugar mejor si no matásemos, si no robásemos, si no codiciásemos los bienes ajenos, si honrásemos a nuestros padres, no cometiésemos actos impuros, etc. Es simple.

«El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama. Y el que me ama será amado por mi Padre, y yo le amaré y yo mismo me manifestaré a él» (Juan 14, 21)

5.- LOS CATÓLICOS ESTAN CONTRA EL PROGRESO, LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA

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¿La ‘partícula de Dios’? (CMR | CERN)

Que la iglesia católica ha sido la causante de las épocas más negras en cuanto al desarrollo y progreso de los conocimientos científicos y tecnológicos de la historia de la humanidad, como es el caso de la Edad Media a la que muchos historiadores y críticos con la Iglesia Católica incluso han llamado la “Edad Oscura”, es sin duda una de las más grandes mentiras hechas sobre los católicos. Falacia normalmente hecha desde la supuesta superioridad moral e intelectual que demuestran algunos no creyentes y ateos.

Los católicos no vamos a negar ahora que en nombre de Dios se han dado casos donde la Iglesia Católica se ha enfrentado a la Ciencia y el progreso (caso Galileo Galilei). Es cierto y sería absurdo negarlo, pero no ha sido siempre así ni mucho menos como algunos pretenden hacernos entender para desacreditar al catolicismo. La ciencia y la religión cristiana han convivido y se han compatibilizado sin ningún problema y casualmente fue en lo que algunos se empeñan en llamar la “Edad Oscura” a causa de la Iglesia cuanto más floreció la ciencia y la cultura. Es más, hoy en día siglo XXI, hay científicos que no dudan en que ciencia y religión son perfectamente compatibles. Y cito:

«Es posible creer que Dios creó el mundo, al tiempo que se acepta que planetas, montañas, plantas y animales, incluyendo los seres humanos, se produjeron, después de la creación inicial, por procesos naturales. En lenguaje teológico, Dios actúa a través de causas secundarias. De manera parecida, al nivel del individuo, una persona puede creer que es una criatura de Dios sin negar que se haya desarrollado por procesos naturales a partir de un óvulo fecundado en el seno de su madre.
Los científicos aceptan la evolución de los organismos con el mismo grado de confianza con que aceptan otras teorías científicas totalmente comprobadas, como la revolución de la Tierra alrededor del Sol, la expansión de las galaxias, la teoría atómica o la teoría genética de la herencia biológica. El origen de nuestra especie, Homo sapiens, a partir de antepasados que no eran humanos es una conclusión científica corroborada más allá de toda duda razonable. Pero aceptar esta conclusión es compatible con creer en Dios y que somos sus criaturas».
(Francisco J. Ayala es profesor de Ciencias Biológicas y de Filosofía en la Universidad de California, EE UU)

Pero volvamos a los llamados años supuestamente ‘Oscuros’. Ya bajo el Imperio Romano un cristiano como San Agustín de Hipona (354-430) se adelantaba 1.500 años a la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein al intuir la relación espacio-tiempo afirmando que el universo no nació en el tiempo, sino con el tiempo, que el tiempo y el universo surgieron a la vez. También, adelantándose esta vez a la Teoría de la Evolución, San Agustín defendía la idea de que a pesar de la existencia de Dios, no todos los organismos y lo inerte salían de Él, sino que algunos sufrían variaciones evolutivas en tiempos históricos a partir de creaciones de Dios. Y no solo eso, San Agustín ya intuyó la Tierra como una esfera en varios de sus escritos. ¡Sorpresa no fue cosa de Cristóbal Colón o de Galileo Galilei como muchos piensan aún!

Ahora vayamos a la Edad Media propiamente dicha o ‘Edad Oscura’ como muchos se empeñan en llamarla. Estamos en una Europa fuertemente dominada por la Iglesia Católica, que no deberíamos olvidar es quien funda las primeras Universidades (Bolonia) a partir de las Escuelas Monásticas y Catedralicias, y donde mayor desarrollo muestran ciencias como son las matemáticas, la aritmética, la astronomía, la música, la medicina o la gramática. De esta época es por ejemplo la introducción del Sistema Decimal y el ‘cero’ (Gerberto de Aurillac, el Papa Silvestre II – 992-1003), la teoría de los eclipses (Dungal de Bobbio, monje – ¿-828) o la invención de algo tan corriente como el pentagrama musical para la anotación musical (Guido de Arezzo, monje – 992-1050). En la ‘Edad Oscura’ situamos también a unos personajes muy sospechosos de estar contra el progreso y la ciencia como son San Alberto Magno (1193-1206), obispo y doctor de la iglesia conocido por sus tratados de botánica, alquimia, geografía o astronomía, donde por ejemplo argumentaba que la tierra es esférica, o el franciscano Roger Bacon (1214-1294), empirista y uno de los primeros pensadores que propusieron el moderno método científico experimental.

No debemos olvidar tampoco que fue en la Edad Media, concretamente en los monasterios donde se conservaron, copiaron, transcribieron y tradujeron los antiguos tratados de ciencia conocidos del mundo islámico y del mundo clásico. La mayoría de ellos han llegado a nuestros días gracias a una supuesta Iglesia contraria al desarrollo y la divulgación de la ciencia. Es en estos diez siglos de Edad Media dominada por una Iglesia Católica supuestamente contraria al progreso cuando aparecen algunos de los avances tecnológicos más importantes de la historia y que hacían más fácil la vida de la gente. De esta época son: El reloj, el arado ligero, la pólvora, los molinos de agua y viento, las gafas, las bibliotecas, las universidades, el papel moneda, el astrolabio, la farmacia o la imprenta moderna, inventada por el católico Johannes Gutenberg (1400-1468), cuya invención por cierto marca para algunos historiadores el final de la Edad Media. Curiosamente el primer libro impreso a gran escala con esta imprenta para que fuera accesible a todo el mundo fue: La Biblia.

Mencionar también, sin adentrarme demasiado, todo lo relacionado con la arquitectura y la ingeniería promovidas por la Iglesia porque sería demasiado largo. Cualquier catedral europea es una muestra clara del desarrollo propiciado por la Iglesia en materia de edificación, aportando audaces soluciones constructivas y estructurales que aún hoy son utilizadas.

Pero bajo la supuesta nefasta influencia de una obscurantista y censuradora Iglesia Católica un monje llamado Copérnico (1473-1543) formuló la Teoría heliocéntrica del sistema solar que posteriormente fue divulgada por el ingeniero, físico y matemático católico Galileo Galilei (1564-1642), que por cierto no murió en la hoguera condenado por la Inquisición como muchos creen. Al no poder probar sus teorías fue obligado a retractarse y sufrió arresto domiciliario donde siguió desarrollando y publicando sus teorías científicas hasta el final de sus días.

Pero la historia es tozuda y debemos reconocer que al amparo del catolicismo y la fe siguen y seguirán apareciendo importantes avances científicos. Recordemos para acabar dos ejemplos tan significativos como Georges Lemaître (1894-1966), sacerdote belga matemático, astrónomo y profesor de física que propuso lo que se conocería como la teoría del ‘Big Bang’ sobre origen del universo y que él llamó «hipótesis del átomo primigenio» (No señores no, el Big Bang no es un invento de Stephen Hawking), o el mismo George Mendel (1822-1884) monje agustino que desarrolló las investigaciones que dieron origen a las teorías sobre herencia genética (Leyes de Mendel). Hoy Mendel es reconocido como el Padre de la Genética moderna. Y así podríamos continuar hasta nuestros días.

Seguir propagando la idea de que la Iglesia Católica está en contra del progreso, la ciencia y la tecnología es una de las mentiras más descabelladas y malintencionadas que muchos sectores críticos con el catolicismo suelen utilizar como arma arrojadiza contra los católicos a los que consideran unos ignorantes.

Por cierto, se me olvidaba, en 1670 un monje llamado Dom Pérignon desarrolla a partir de sus estudios sobre el vino el Champagne, y dedicaría toda su vida a perfeccionar su descubrimiento para mayor gloria de Dios y de nuestros paladares.

Más vale hombre sabio que robusto,
y hombre docto que pletórico de fuerzas.
Ganarás la batalla con estrategias,
y la salvación, con muchos hombres de criterio.
(Proverbios 24, 5-6)


BIBLIOGRAFÍA
– Ciencia y religión: ¿son compatibles? (Francisco J. Ayala) – El País
– Iglesia católica y ciencia (Wikipedia)
– Catecismo de la Iglesia Católica
– Falso Testimonio (Rodney Stark) – Ed: Sal Terrae.
– Sagrada Biblia: Universidad de Navarra

foto: cathopic
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