Ahora que todo está tranquilo por casa

Ahora que todo está tranquilo por casa, reina el silencio y ha acabado el trajín provocado por las cenas y comidas navideñas familiares, me siento. Frente a mí, nuestro pequeño nacimiento, el cual observo atentamente. Y es que con tanto ajetreo me doy cuenta que casi se me había pasado lo más importante: ¡ya has nacido!

Con la ternura de la mirada de Maria y José te miro recostado en un humilde pesebre y sólo me vienen a la cabeza palabras de agradecimiento. Me gustaría aprovechar tu venida, querido Dios, mi Señor Jesús, para transmitírtelas, de corazón a corazón:

Te doy gracias Señor por todas las innumerables gracias recibidas, especialmente estos últimos meses.

Te doy gracias Señor por mi conversión.

Te doy gracias Señor por todas las conversiones de las que he sido testigo.

Te doy gracias por manifestarte una y otra vez en mi vida.

Te doy gracias Señor por enviar tu Espíritu Santo para que ilumine y abra mi corazón a Dios.

Te doy gracias Señor por sanar mis heridas más profundas.

Te doy gracias Señor por permitirme, aunque muchas veces me cueste, que me abandone a ti y que tu voluntad sea la que guíe mi vida.

Te doy gracias Señor por haber caminado siempre a mi lado a pesar de que estaba tan ciego que era incapaz de reconocerte.

Te doy gracias Señor por tu abrazo misericordioso.

Te doy gracias Señor por permitir nuestra reconciliación.

Te doy gracias Señor por dejarme, una y otra vez, volver a casa como el hijo pródigo a pesar de mis miserias y pecados.

Te doy gracias Señor por ser mi buen pastor.

Te doy gracias Señor por escucharme siempre.

Te doy gracias Señor por haberme guiado en mi Servicio.

Te doy gracias Señor por confiar siempre en mi, incluso cuando era indigno de tu confianza.

Te doy gracias Señor por consolarme y estar siempre a mi lado cuando más te necesito.

Te doy gracias Señor por haber puesto en mi camino tantos ángeles para que cuiden de mi: mi esposa, hijos, familia y hermanos de Emaús.

Te doy gracias Señor por cuidar con amor de mi familia de Emaús.

Te doy gracias Señor por darme amor, muchísimo amor.

Te doy gracias Señor por haberme regalado el mayor de tus tesoros: la Eucaristía.

Te doy gracias Señor por ser el Pan de mi vida.

Te doy gracias Señor por ser el Rey de mi Vida presente en las adoraciones.

Te doy gracias Señor por todos los sacerdotes y todas las vocaciones religiosas.

Te doy gracias Señor por haberme hecho ‘caminar’ en un Retiro de Emaús.

Te doy gracias por cambiar mi vida.

Te doy gracias Señor por sorprenderme continuamente.

Te doy gracias Señor por este momento de oración.

¡Te doy gracias Señor y bienvenido a casa!

foto: cathopic

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