Navidad, voz silenciosa de Dios o estruendo consumista

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Se acerca el día de Navidad. La ciudad bulle y muestra su lado más frenético y desquiciante. Gentes que van y vienen por las aceras cargados de bolsas con regalos y con los consabidos víveres para poder afrontar las pantagruélicas comidas familiares que se avecinan. El tráfico está congestionado en el Centro y encontrar asiento en el transporte público se presenta como misión imposible. Y lo curioso es que dicen que estamos en crisis. Bueno, en realidad aquí siempre lo estamos, menos para la Navidad. En estos días nos gastamos hasta lo que no tenemos si se tercia. Siempre ha sido así y creo que seguirá siendo así, y parece que la cosa va para mas. Es más, he podido leer en el Estudio de consumo Navideño 2018 hecho por la prestigiosa firma Deloitte, que estas navidades cada hogar español gastará de media la friolera de 601,00 € ($687) entre regalos, comida, viajes y ocio. Es impresionante. No nos engañemos, tengo la sensación de que estos días serán como queramos llamarlos, pero una cosa está clara, esto no es ‘Navidad’ ni mucho menos. Si entendemos Navidad como “Nativitas”, que significa nacimiento, lo que hacemos estos días no tiene nada de nacimiento y sí de muerte, sobre todo para nuestra economía y para nuestra salud digestiva… y quien sabe, quizás también para nuestra alma.

Los cristianos deberíamos cuestionarnos si realmente esta es la Navidad que agradaría Dios. Como dijo el Santo Padre, el Papa Francisco, en su audiencia del pasado 19 de diciembre: «¿Cual es la Navidad que querría Él, cuales regalos y sorpresas?» Quizás sería bueno que hiciéramos un alto en este desenfreno consumista y meditásemos un momento en silencio sobre aquella primera Navidad en Belén y la visualicemos. La venida del hijo de Dios, nuestro salvador. Aquello sí fue una verdadera ‘Nativitas‘.

Parece que se nos ha olvidado este sentido glorioso del nacimiento de Jesús, que es Dios mismo, en un humilde pesebre sin excesos, con discreción, sencillez y silencio. Pudiendo nacer en un palacio entre todo tipo de lujos y comodidades, todo un Dios se hace hombre en estas sencillas y humildes condiciones para que podamos recibirlo a Él como un verdadero tesoro de valor incalculable. Ese día, hace más de 2.000 años, Él mismo fue nuestro regalo mas grande y la mayor sorpresa para la humanidad ¡El verbo se hacía carne para habitar entre nosotros! Nunca se nos debería olvidar que lo que realmente celebramos el día de Navidad es la venida del hijo de Dios, nuestro salvador. Este nacimiento supone, como nos explica el santo Padre en su catequesis: «La Navidad es la revancha de la humildad sobre la arrogancia, de la sencillez sobre la abundancia, del silencio sobre el estruendo, de la oración sobre ‘mi tiempo’, de Dios sobre mi YO».

El consumismo ha ido desplazando a Él por el ‘Yo’. La Navidad se ha convertido en una celebración eminentemente materialista donde Jesús ha dejado de existir como su núcleo central para pasar a ser tan sólo la excusa para todo tipo de excesos. Excesos propiciados por una sociedad esclavizada compuesta de individuos que tienen la constante necesidad de ser ellos mismos y sus propias necesidades materiales el centro del universo navideño. Evidentemente algunos pensaréis que tampoco tiene nada malo que las familias se reúnan con sus seres queridos para hacer una comida y así celebrar la Navidad o intercambiarse algunos regalos. Y tenéis toda la razón, pero siempre y cuando en medio de estas celebraciones esté presente Jesús y Él sea el verdadero protagonista. Pero claro, esto nada tiene que ver con lo que ahora se entiende como Navidad, que es el periodo que marca el mercado y que va ¡desde el ‘Black Friday’ hasta que acaban las rebajas de enero!

Los cristianos al final también nos hemos dejado atrapar en la trampa de una Navidad materialista y hemos acabado nosotros también sustituyendo la ‘abundancia espiritual’ que nos da Jesús por la ‘abundancia material’ que nos da la Sociedad de consumo, la tenue y acogedora luz del portal de Belén por el brillante resplandor de los escaparates, los humildes y sencillos presentes de los pastorcillos por el despilfarro de nuestros regalos, etc. En definitiva, hemos pasado de adorar a nuestro Dios hecho hombre para pasar a idolatrar a un insano materialismo consumista. Y ojo, aquí no pretendo dar lecciones a nadie y reconozco que yo soy el primero en haber caído en la trampa de esta falsa Navidad. Y reconozco también que ahora es muy complicado revertir esta situación, al menos en mi caso y en el de los míos.

Deberíamos, yo el primero, reflexionar sobre lo que el Santo Padre nos proponía en su última audiencia antes del nacimiento del niño Dios: «Navidad es preferir la voz silenciosa de Dios al estruendo del consumismo. Si sabemos estar en silencio frente al Belén, la Navidad será una sorpresa para nosotros, no algo que ya hayamos visto. Estar en silencio ante el Belén: esta es la invitación para Navidad. Tómate algo de tiempo, ponte delante del Belén y permanece en silencio. Y sentirás, verás la sorpresa. Desgraciadamente, sin embargo, nos podemos equivocar de fiesta, y preferir las cosas usuales de la tierra a las novedades del Cielo».

Queridos amigos, estos pocos días que quedan hasta la Navidad os invito a compartir conmigo este reto que nos propone el Santo Padre: Que cada día nos quedemos, mejor en familia, en silencio y oración frente a nuestro pequeño nacimiento y mientras observamos la escena dediquemos unos minutos a adorar a ese pequeño niño nacido en un sencillo y humilde pesebre, pero también llamado a ser el mayor de los Reyes que la humanidad hubiera podido imaginar jamás. Dejemos que Él sea estos días el centro de la Navidad y nuestras vidas, no nosotros. Imitemos a María y José que con su ternura y sencillez observan a Jesús y dejemos que nos sorprenda como lo ha hecho siempre. Él es sin duda el mayor de los regalos esta Navidad… Y quien sabe, igual decidimos dar una pequeña parte de esos 601,00 € a alguien más necesitado ¡Ese sí será un buen regalo!

«Hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor
(Lucas 2, 11)

¡Feliz Navidad a todos!

foto: cathopic

Catequesis completa del Santo Padre
Audiencia general, 19.12.2018 – Navidad: las sorpresas que le gustan a Dios


BIBLIOGRAFÍA:
Sagrada Biblia: Universidad de Navarra

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