Una fe de ‘sofá’ es una fe muerta

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Dios nos pide que a través de la fe seamos como el haz de luz de un faro que ilumina a todos los que nos rodean, para que encuentren a través de nuestro ejemplo el camino hacia la salvación cuando se encuentran abandonados, perdidos o alejados de Dios. Pero de nada vale tener mucha fe si nos quedamos sentados en el sofá de casa y no hacemos obras que sean el reflejo de esa fe. Sólo es mediante estas obras, lo que conocemos como la Caridad cristiana, como pondremos de manifiesto nuestra verdadera fe cristiana y seremos ejemplo para los demás. En caso contrario nuestra fe será un fe muerta que en ningún caso garantiza nuestra salvación. Así mismo nos lo asegura Santiago en su carta:

«¿De qué sirve, hermanos míos, que uno diga tener fe, si no tiene obras? ¿Acaso la fe podrá salvarle? Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento cotidiano, y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, calentaos y saciaos”, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no va acompañada de obras, está realmente muerta».
(Santiago 2, 14-17)

Somos muchos, yo el primero, los que incluso teniendo muchísima fe, o así lo creemos, nos estancamos con ella en una especie de ‘Zona de Confort Cristiana’ en la que practicamos una fe de ‘sofá’, cómoda y confortable. Nuestra fe es una fe sencilla donde creemos en Dios y lo que Dios nos dice; creemos lo que la iglesia nos propone y damos como buenas una serie de verdades. En definitiva hacemos de nuestra fe un simple acto mental. Pero ojo, esta fe que está muy bien, se nos puede quedar corta y debemos aspirar a una fe más alta y completa.

Tras la lectura del pasaje de la Carta de Santiago queda muy claro que se nos está invitando a abandonar esa ‘Zona de Confort’ y se nos propone que demos un paso más para que esta fe de tipo ‘intelectual’ pase a ser una fe ‘práctica’, es decir y cito¹, «una “experiencia”, que nos lleva a fiarnos y a ser fieles, no ya sólo a lo que “dijo” el Señor Jesús, sino, antes que eso, a la “persona” misma del Señor Jesús. O sea, la fe cristiana, antes que fidelidad a las “verdades” que enseñó el Señor, es fidelidad a la “vida” que llevó el Señor».

Aquí está la clave. No basta con simplemente creer en Jesús y en conocerle, que sería lo más fácil y cómodo, sino en ‘vivir’ tal como lo hizo Jesús y tenerle a Él como referencia de conducta. Vivir nuestra vida como lo hizo el Señor, esta es la manifestación más grande de nuestra fe ¿Y cómo vivía Jesús? Pues muy sencillo, son muchos los casos en los que podemos manifestar nuestra fe de una manera ‘práctica’ como hizo Jesús: dando de comer al hambriento, vistiendo al desnudo, dando sustento al necesitado, cobijando al que no tiene techo, atendiendo al enfermo, liberando al oprimido, etc. Nuestra fe tiene que ser una fe basada en los ideales y valores que marcaron la vida de Jesús de Nazaret y ponerlos en práctica en nuestras vidas cotidianas. Al fin y al cabo ya lo dice Santiago en su carta: «la fe, si no va acompañada de obras, está realmente muerta» y es que está muy claro, Dios nos pide pasar a la acción.

¹ ¿Qué es la fe cristiana? (Teología sin censura – José Mª Castillo – Periodista Digital)

foto: Jimmy Bay

BIBLIOGRAFÍA:
Sagrada Biblia: Universidad de Navarra

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