Ser ‘Pescador de hombres’ es tu misión

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¡Qué maravilloso este pasaje del Evangelio de Lucas!

«Estaba Jesús junto al lago de Genesaret y la multitud se agolpaba a su alrededor para oír la palabra de Dios. Y vio dos barcas que estaban a la orilla del lago; los pescadores habían bajado de ellas y estaban lavando las redes. Entonces, subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que la apartase un poco de tierra. Y, sentado, enseñaba a la multitud desde la barca.
Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón:
—Guía mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca.
Simón le contestó:
—Maestro, hemos estado bregando durante toda la noche y no hemos pescado nada; pero sobre tu palabra echaré las redes.
Lo hicieron y recogieron gran cantidad de peces. Tantos, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que vinieran y les ayudasen. Vinieron, y llenaron las dos barcas, de modo que casi se hundían. Cuando lo vio Simón Pedro, se arrojó a los pies de Jesús, diciendo:
—Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.
Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos estaban con él, por la gran cantidad de peces que habían pescado. Lo mismo sucedía a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Entonces Jesús le dijo a Simón:
No temas; desde ahora serán hombres los que pescarás.
Y ellos, sacando las barcas a tierra, dejadas todas las cosas, le siguieron».
(Lucas 5, 1-11)

Pedro, como cualquiera de nosotros, tiene dudas y su fe se manifiesta algunas veces débil y alejada de su corazón. Aún así tras una dura y larga noche sin pesca, cansado y en un acto de verdadera humildad, confía plenamente en Jesús y echa una vez más las redes al mar, esta vez pescando gran cantidad de peces. Pedro impresionado ante tal prodigio, cae de rodillas, ahora sí, reconociendo estar ante el mismísimo hijo de Dios, aceptando ser un pecador indigno de estar ante Él. Lo mismo les ocurre a Santiago y Juan. Y es que la capacidad de reconocernos pecadores ante el Señor y ‘arrojarnos a sus pies’ con humildad, como les pasó a ellos, nos acerca mucho más a Él.

Y Jesús, que es todo amor e infinita misericordia, ¿que hace? ¿les reprende? ¿los rechaza?… No no, muy al contrario, no solo no les tiene en cuenta sus pecados, dudas y debilidades si no que además les invita a ser “pescadores de hombres” y a seguirle. Y ellos, sorprendentemente, lo dejan todo por Él. Ni tan siquiera tienen un segundo de duda. Le siguen con confianza absoluta. La verdad es que a veces me imagino la situación. Estoy ante el mismísimo Jesús y me dice “ahora serán hombres los que pescarás” ¿Cómo reaccionaría? ¿Sería capaz de dejarlo todo sólo para seguirle? ¿Tendría la confianza absoluta en Él para hacerlo? Seguramente yo sería de los que dudan y me costaría mucho desprenderme de todo lo mío y de los míos para seguirle.

Deberíamos entonces preguntarnos para poder seguir al Señor ¿Hasta donde estamos dispuestos a sacrificar aspectos completamente superficiales de nuestras vidas y que no nos aportan nada más allá de una mera satisfacción material o un simple reconocimientos social?

¿Cuantas veces el Señor te ha pedido desde el corazón que lo dejes todo y seas “pescador de hombres” para Él? Dios te ha escogido a ti como apóstol tal como escogió a los doce primeros en la montaña (Lc 6, 12-16). Igual que ellos tienes una misión de extrema importancia en esta vida: ¡Ser pescador de hombres! o lo que es lo mismo, ser su apóstol y hacer apostolado. Son muchos los que andan confundidos y perdidos, ayúdales a encontrar su camino. Te necesitan. Búscalos, encuéntralos, háblales de Dios, testimonia tu experiencia junto a Él y después pregúntales: ¿Estarías dispuesto/a tu también a tener un encuentro personal y real con Jesucristo? Esa es la pregunta clave. Acompáñales en este camino de encuentro con el Señor. Una vez que le abracen su vida cambiará para siempre y al mismo tiempo la tuya se engrandecerá.

Señor ayúdame a ser “pescador de hombres” para ti. Que nunca me avergüence de ser testimonio vivo de tu amor y misericordia frente los que te rechazan o ignoran. Ayúdame a ser tu voz entre los que viven apartados de ti. Señor, ayúdame a ser testigo de la alegría que supone haberme abandonado a ti y ayúdame a desprenderme de todo aquello que me impide seguirte plenamente. María, madre mía y Reina de la Paz, llévame de tu mano a ‘pescar’ hombres y mujeres para acercarlos a tu hijo Jesús, Señor Dios nuestro.

foto: Leeroy

BIBLIOGRAFÍA:
Sagrada Biblia: Universidad de Navarra

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