Santo Padre ¡Estamos contigo!

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Es terrible. Desde hace ya unos días al repasar la prensa (sea católica o no) uno asiste perplejo y con inmensa tristeza a lo que a todas luces parece ser una encarnizada lucha de poder desatada dentro del mismo seno de la Iglesia. No soy un experto vaticanista pero a mi me parece que los católicos ‘de a pié’ asistimos atónitos y llenos de angustia a un durísimo enfrentamiento en los más altos estamentos de la curia que sin duda obedece a una terrible y destructiva colisión provocada por ambiciones personales desmedidas, por sectores que ven peligrar su influencia en la Iglesia, por una manifiesta necesidad de algunos sectores ultraconservadores por obstruir las reformas del Santo Padre, etc.

No nos engañemos, Satanás actúa en todos los frentes y el Vaticano tampoco escapa a su maligna influencia. No deberíamos infravalorar su poder para destruir lo bueno que hay y abunda en nuestra Iglesia, que es mucho. Y todo con un sólo motivo: desestabilizar el trono de San Pedro y a su sucesor, el Papa Francisco ¿Con que objetivo? Quien sabe ¿un cambio en el Papado propiciado por los sectores más conservadores y más reacios a según que reformas? Es más ¿no estaremos a las puertas de un inminente nuevo cisma en la Iglesia católica?… El tiempo dirá.

Eso sí, todo parece indicar que el detonante de esta crisis, utilizado por estos sectores más beligerantes ha sido la terrible losa de los abusos sexuales y los vergonzosos casos de pederastia que asfixia tanto a Iglesia católica como a su curia desde hace ya demasiados años y sin que se hayan producido, al menos aparentemente, sanciones ejemplarizantes por parte del Vaticano como podría haber sido la entrega de los culpables a la justicia ordinaria para que esta siga su curso con las leyes de los hombres. Más bien al contrario, y por lo que podemos leer estos días, son innumerables los casos que durante muchísimos años han sido ocultados por los Obispos, tapados con cambios de destino o con la simple suspensión temporal de su ministerio a los culpables. En definitiva se le acusa a la Iglesia, y lo que es peor al santo Padre, por enésima vez de encubrir estos vergonzantes casos ante la opinión pública y ante los mismísimos laicos y de no hacer nada al respecto.

Deberíamos reflexionar y preguntarnos profundamente por qué tantos se han apartado de la Iglesia o han perdido la confianza en ella ante estos y otros terribles escándalos durante estos últimos años. O ¿cuantas veces hemos echado de menos una reacción más contundente por parte del Vaticano ante esta eclosión de casos vergonzantes? Cierto es que es de buen católico apelar a la misericordia y el perdón del Señor, nuestro Dios, hacia esta gente que tanto daño han hecho a la Iglesia. Los católicos sabemos que Dios en su infinita misericordia siempre perdona, aunque eso si, algún día deberemos rendir cuentas ante Él. A todos nos llegará el momento, pero mientras tanto también hay que rendir cuentas ante los hombres y mujeres de este mundo, es decir, ante la Sociedad en general.

El otro día leí una frase de San Ambrosio: «Ubi Petrus ibi ecclesia» (Donde está Pedro, está la Iglesia). Creo que esta simple frase contiene la pregunta que deberíamos hacernos hoy todos los laicos de a pie ante esta crisis terrible: ¿Y qué puedo hacer yo, un simple laico, frente a esta situación?…

Podemos extraer de las palabras de San Ambrosio que ciertamente no hay Iglesia sin su cabeza visible, el Papa. Por lo tanto creo que los laicos deberíamos ser fieles al Señor y al Santo Padre Francisco. Atacar a la cabeza visible de la Iglesia es atacar a toda la Iglesia en general. ¿Y como debemos demostrar los laicos esta fidelidad hacia Dios y al Papa? Pues es muy sencillo: ¡Orando! Orando por el Papa, los Cardenales, Obispos, hasta por el más sencillo de los sacerdotes y sin olvidarnos nunca de las víctimas de los abusos.

En estas horas sombrías debemos unirnos todos en oración. Es el arma más poderosa que nos regaló el Señor y así nos lo manifestó su hijo Jesús: «Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra sobre cualquier cosa que quieran pedir, mi Padre que está en los cielos se lo concederá. Pues donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18, 19-20) y «Por tanto os digo: todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo recibisteis y se os concederá» (Mc 11, 24).

Pues no seamos más de dos o de tres, seamos miles, mejor millones los católicos que nos unamos a partir de ya mismo, como una sola voz, a orar. Y pidámosle al Espíritu Santo que sea capaz de acabar con esta terrible situación que tanta desesperanza a causado dentro de la Iglesia, que empape con dones como la sabiduría, la humildad, la paciencia, la sencillez, la castidad y la obediencia a los príncipes de la Iglesia y a todo el clero. También para que guíe e ilumine al Papa Francisco en su papado, para que tome siempre las decisiones más justas y apropiadas y pueda ejercer como digno sucesor de Pedro. En definitiva para que su trono no se vea en ningún momento puesto en peligro por cualquier tipo de luchas de poder o ambiciones de tipo terrenal.

Ahora es el momento. Hagamos todos oración por el Papa y la Iglesia universal ¡Jesús y el Santo Padre necesitan de nosotros ahora!

foto: cathopic

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